miércoles, 5 de febrero de 2014

PADRE CALMEL: UNA SANTA RÉPLICA A LA RUPTURA LITÚRGICA

Para los fieles que conocieron la Misa tradicional y comprobaron las deficiencias evidentes del nuevo rito (incluso cuando se lo celebra con el mayor de los decoros posibles), y que no pueden asistir regularmente a la Misa de san Pío V por hallarse lejos del lugar de su celebración más próxima, surgen inevitables las inquietudes de conciencia acerca de la Misa nueva: si ésta es realmente válida, si confiere eficazmente la gracia, etc. No tratándose de asuntos sujetos a comprobación empírica ni pudiendo asumirlos como objeto de una elucidación al modo de las ciencias positivas, y careciendo de toda opción en lo referente al culto, es de creer que esta dolorosa pena resulte insoluble en esta vida. A no ser que, por un improbable que no cabe en las mientes de nadie, resulte ungido en el próximo cónclave un Papa que renueve explícitamente las condenas de un Pío X al modernismo y se avenga a restaurar la liturgia de siempre contra la acción disolvente de todos los zorros, lobos y chacales que han venido a ocuparse tan solícitamente del culto público.

No menor horror causa en los azorados testigos del caso el comprobar que, a la disrupción obrada en este terreno hace ya cuarenta y cinco años, no le siguiera una reacción condigna de parte de clérigos y fieles. Lo que, para mayor honor de la Desposada del Cordero, resulta felizmente contradicho por el ejemplo de unos pocos de sus hijos, como el que presentamos a continuación. En un articulo titulado Contrarrevolución litúrgica. el caso "silenciado" del padre Calmel la autora, Cristiana de Magistris, nos expone el coraje del dominico francés y su lucidez sin sombras acerca del carácter demoledor de los cambios introducidos en la liturgia, que (en mutua implicancia, según aquello de lex orandi, lex credendi) acabaría por afectar -apagándola- a la fe. Nótese el tenor de la justificación que Paulo VI hace de la ruptura, asumiendo a la nueva misa nada menos que como un «gimnasio de sociología cristiana». Nótese a su vez el reclamo de los novadores a la obediencia, virtud religiosa burlada por ellos sistemáticamente mientras no estuvieron al comando de diócesis y dicasterios.

Y admiremos juntos la perseverancia de este digno hijo del fundador de su Orden, hoy tan degradada. Bien supieron los antiguos que la resistencia equivale a la victoria.



Padre Roger Calmel, gloria oculta
de la orden de santo Domingo
♦♦♦
Religioso dominico y teólogo tomista de espesor poco común, director de almas apreciado y buscado por todo el territorio francés, escritor católico de una lógica convincente y de una claridad inequívoca, el padre Roger Calmel-Thomas (1914 - 1975) se distinguió durante los tumultuosos años del Concilio y del post-Concilio por su acción contrarrevolucionaria, ejercida -a través de la predicación, de los escritos, y sobre todo con el ejemplo- tanto en el plano doctrinal como en el litúrgico.
Pero en un punto muy preciso la resistencia de este hijo de santo Domingo ha alcanzado el heroísmo: la Misa, ya que es en la redención obrada por Cristo en el Calvario y perpetuada en los altares que se fundamenta la fe católica. 1969 fue el año fatídico de la revolución litúrgica, largamente preparada y finalmente impuesta por vía de autoridad a un pueblo que no la había pedido ni la deseaba. 
El nacimiento de la nueva Misa no fue pacífico. En oposición a los cantos de victoria de los novatores, se hallaban las voces de quienes no querían pisotear el pasado casi bimilenario de una Misa que se remontaba a la tradición apostólica. Esta oposición contó con el apoyo de dos cardenales de Curia (Ottaviani y Bacci), pero fue completamente ignorada. 
La entrada en vigor del nuevo Ordo Missae fue programada para el 30 de noviembre, primer domingo de Adviento, y la oposición no tendía a aplacarse. El mismo Paulo VI, en dos audiencias generales (19 y 26 de noviembre 1969), intervino presentando el nuevo rito de la Misa como la voluntad del Concilio y como ayuda a la piedad cristiana. 
El 26 de noviembre el Papa dijo: «el nuevo rito de la Misa: es un cambio que remite a una venerable tradición secular, y por eso afecta a nuestro patrimonio religioso hereditario, que parecía tener que disfrutar de una fijeza intangible, y que parecía tener que traer a nuestros labios la oración de nuestros antepasados ​​y de nuestros santos, y darnos el consuelo de una fidelidad a nuestro pasado espiritual que nosotros actualizábamos para transmitirlo luego a las generaciones venideras. En esta contingencia comprendemos mejor el valor de la tradición histórica y de la comunión de los santos. Toca este cambio el desenvolvimiento ceremonial de la Misa, y advertiremos, tal vez con un poco de molestia, que las cosas ya no se desarrollarán más en el altar con aquella identidad de palabras y gestos a la que estábamos tan acostumbrados, casi al punto de no prestarle más atención. Este cambio también afecta a los fieles, y quisiera concernir a cada uno de los presentes, quitándolos de sus acostumbradas devociones personales, o de su sopor habitual. ... ». Y continuaba diciendo que hay que entender el significado positivo de las reformas y hacer de la misa «un tranquilo pero comprometedor gimnasio de sociología cristiana». 

«Será bueno -advirtió Paulo VI en la misma audiencia- que comprendamos las razones por las que se introduce esta grave mutación: la obediencia al Concilio, que ahora deviene obediencia a los obispos que lo interpretan y ejecutan las prescripciones...» . Para sofocar la oposición al Papa no quedaba sino el argumento de autoridad. Y es sobre este argumento que se jugó todo el partido de la revolución litúrgica. 
El padre Calmel, que con sus artículos fue colaborador asiduo de la revista Itinéraires, había ya abordado la cuestión de la obediencia, que se convirtió en el post-Concilio en el argumento de punta de los novatores. Pero -así lo afirmaba él- es precisamente en virtud de la obediencia que debemos rechazar cualquier compromiso con la revolución litúrgica: «no se trata de crear un cisma, sino de conservar la tradición». Con silogismo aristotélico hacía notar: «la infalibilidad del Papa es limitada, por lo que nuestra obediencia es limitada», señalando el principio de la subordinación de la obediencia a la verdad, de la autoridad a la tradición. La historia de la Iglesia tiene casos de santos que estaban en conflicto con la autoridad de los papas que no eran santos. Pensemos en san Atanasio excomulgado por el papa Liberio, en santo Thomas Becket suspendido por el papa Alejandro III. Y especialmente en Santa Juana de Arco. 
El 27 de noviembre de 1969, tres días antes de la fecha fatídica en la que entró en vigor el Novus Ordo Missae, el padre Calmel expresó su rechazo con una declaración de excepcional importancia, publicada en la revista Itinéraires. 

«Yo me atengo a la Misa tradicional -declaró- aquella que fue codificada, pero no fabricada por san Pío V en el siglo XVI, de acuerdo con un uso plurisecular. Rechazo, por lo tanto, el Ordo Missae de Paulo VI. 

¿Por qué? Porque, en realidad, no existe este Ordo Missae. Lo que existe es una revolución litúrgica universal y permanente, permitida o deseada por el Papa actual, y que reviste, por el momento, la máscara del Ordo Missae del 3 de abril de 1969. Es derecho de todo sacerdote negarse a usar la máscara de esta revolución litúrgica. Y estimo que es mi deber como sacerdote negarme a celebrar la misa en un rito equívoco.
Si aceptamos este nuevo rito, que promueve la confusión entre la misa católica y la cena protestante -como afirman los dos cardenales (Bacci y Ottaviani), y como lo demuestran sólidos análisis teológicos- entonces pasaremos sin demora de una misa intercambiable (como lo reconoce, por lo demás, un pastor protestante) a una misa completamente herética y, por lo tanto, nula. Iniciada por el Papa, y luego por él abandonada a las Iglesias nacionales, la reforma revolucionaria de la misa conducirá al infierno. ¿Cómo aceptar el hacerse cómplice? 
Me preguntaréis: manteniendo la Misa de siempre de cara y contra todo, ¿has pensado en aquello a lo que te expones? Claro. Me expongo, por así decirlo, a perseverar en el camino de la fidelidad a mi sacerdocio, y por eso a rendir al Sumo Sacerdote, que es nuestro Juez Supremo, el humilde testimonio de mi ministerio sacerdotal. Me expongo también a tranquilizar a los fieles extraviados, tentados de escepticismo o de desesperación. Todo sacerdote, de hecho, que permanezca fiel al rito de la Misa codificado por San Pío V, el gran Papa dominico de la Contrarreforma, permite a los fieles participar en el Santo Sacrificio sin ningún posible equívoco; de comunicarse, sin el riesgo de ser engañados, con el Verbo de Dios encarnado e inmolado, vuelto realmente presente bajo las sagradas Especies. Por el contrario, el sacerdote que se conforma al nuevo rito, compuesto por varias piezas de Paulo VI, colabora de su parte para instaurar gradualmente una misa fraudulenta donde la Presencia de Cristo no será más auténtica, sino que se transformará en un memorial vacío; por lo mismo, el Sacrificio de la Cruz no será más que una comida religiosa donde se comerá un poco de pan y se beberá un poco de vino. Nada más: como los protestantes. La negativa a colaborar con la instauración revolucionaria de una misa equívoca orientada a la destrucción de la Misa, ¿qué desgracias temporales, qué daños podrá traer? El Señor lo sabe: por lo tanto, basta con su gracia. En verdad, la gracia del Corazón de Jesús, derivada hasta nosotros por el santo Sacrificio y por los sacramentos, basta siempre. Es por ello que el Señor nos dice con tanta tranquilidad: "el que pierda su vida en este mundo por mi causa, la salvará para la vida eterna". 
Reconozco sin dudar la autoridad del Santo Padre. Afirmo, sin embargo, que todos los Papas, en el ejercicio de su autoridad, pueden cometer abusos de autoridad. Sostengo que el papa Paulo VI cometió un abuso de autoridad de una gravedad excepcional, al construir un nuevo rito de la misa según una definición de la misa que ha dejado de ser católica. "La Misa -escribió en su Ordo Missae- es la reunión del pueblo de Dios, presidida por un sacerdote, para celebrar el memorial del Señor". Esta definición insidiosa omite a priori lo que hace la Misa católica, siempre y para siempre irreductible a la cena protestante. Y esto porque para la Misa católica no se trata de cualquier memorial; el memorial es de tal naturaleza que contiene realmente el sacrificio de la Cruz, porque el Cuerpo y la Sangre de Cristo están verdaderamente presentes en virtud de la doble consagración. Ahora bien: mientras esto aparece tan claro en el rito codificado por San Pío V de modo de no poder inducir a error, en aquel fabricado por Paulo VI permanece fluctuante y equívoco. Parejamente, en la Misa católica el sacerdote no ejerce una presidencia cualunque: marcada por un carácter divino que lo introduce en la eternidad, él es el ministro de Cristo, que hace la Misa a través de él; muy otra cosa es asimilar al sacerdote a un pastor cualquiera, delegado por los fieles para mantener el buen orden en sus asambleas. Ahora bien: mientras esto es ciertamente evidente en el rito de la Misa prescrita por San Pío V, se halla en cambio disimulado e incluso eliminado en el nuevo rito.
La simple honestidad entonces, pero infinitamente más el honor sacerdotal, me exigen no tener el descaro de traficar la Misa católica, recibida en el día de mi ordenación. Y como de lo que se trata es de ser leal, y sobre todo en una materia de una gravedad divina, no hay autoridad en el mundo, ni siquiera la autoridad pontificia, que pueda detenerme. Por otra parte, la primera prueba de fidelidad y de amor que el sacerdote tiene que dar a Dios y a los hombres es la de custodiar intacto el depósito infinitamente precioso que le fue confiado cuando el Obispo le impuso las manos. Es, sobre todo, sobre esta prueba de lealtad y amor que seré juzgado por el Juez Supremo. Confío que la Virgen María, Madre del Sumo Sacerdote, me obtenga la gracia de permanecer fiel hasta la muerte a la Misa católica, verdadera y sin inequívoco. Tuus ego sum, salvum me fac (soy todo tuyo, sálvame)».
Frente a un texto de este espesor y una toma de posición tan categórica, todos los amigos y partidarios del padre Calmel temblaron, esperando de Roma las penas más duras. Todos excepto él, el hijo de santo Domingo, que no dejaba de repetir: "Roma no va a hacer nada, no va a hacer nada ...". Y, en efecto Roma no hizo nada. Las sanciones no llegaron. Roma calló ante este fraile dominico que no temía a nada con excepción del Juez Supremo, a quien debía dar cuenta de su sacerdocio. 
Otros sacerdotes, gracias a la declaración del padre Calmel, tuvieron el coraje de salir al descubierto y hacer frente a los abusos de una ley injusta e ilegítima. Contra los que recomendaban la obediencia ciega a las autoridades, él mostraba el deber de la insurrección. «Toda la conducta de santa Juana de Arco muestra que ella ha pensado así: por supuesto, es Dios quien lo permite; pero lo que Dios quiere, al menos mientras me quede un ejército, es que yo libre una buena batalla y haga justicia cristiana. Luego fue quemada [...] Someterse a la gracia de Dios no significa no hacer nada. Lo que significa es hacer, permaneciendo en el amor, todo lo que está en nuestro poder [...] A quien no haya reflexionado sobre las justas insurrecciones de la historia, como la guerra de los Macabeos, las cabalgatas de santa Juana de Arco, la expedición de Juan de Austria, la revuelta de Budapest, a quien no haya entrado en sintonía con las nobles resistencias de la historia [...] yo le niego el derecho de hablar de abandono cristiano [...] El abandono no consiste en decir: Dios no quiere la cruzada, dejemos hacer a los moros. Ésta es la voz de la pereza». 
No se puede confundir el abandono sobrenatural con una obediencia supina. «El dilema que se plantea a todos -advertía el padre Calmel- no es elegir entre la obediencia y la fe, sino entre la obediencia de la fe y la cooperación con la destrucción de la fe». Todos nosotros estamos invitados a hacer «dentro de los límites que nos impone la revolución, el máximo de lo que podamos hacer para vivir de la tradición con inteligencia y fervor. Vigilate et orate». 
El padre Calmel había comprendido perfectamente que la forma de violencia ejercitada en la Iglesia post-Conciliar es el abuso de autoridad, aplicada exigiendo una obediencia incondicional. A la que el clero y muchos laicos se plegaron sin intentar ningún tipo de resistencia. «Esta falta de reacción -notaba Louis Salleron- me parece trágica. Porque Dios no salva a los cristianos sin ellos mismos, ni a su Iglesia sin ella».
«El modernismo hace caminar a sus víctimas bajo el estandarte de la obediencia -escribía el religioso dominico-, poniendo bajo sospecha de orgullo cualquier crítica de las reformas, en nombre del respeto que se debe al Papa, en nombre del celo misionero, de la caridad y de la unidad». 
En cuanto al problema de la obediencia en materia litúrgica, el padre Calmel señalaba: «la cuestión de los nuevos ritos consiste en el hecho de que son ambivalentes, por lo que no expresan de manera explícita la intención de Cristo y de la Iglesia. La prueba está dada por el hecho de que incluso los herejes los utilizan con tranquilidad de conciencia, mientras que rechazan, como siempre han rechazado, el Misal de san Pío V». «Hay que ser o tontos o miedosos (o lo uno y lo otro a la vez) para considerarse obligados en conciencia a leyes litúrgicas que cambian con mayor frecuencia que la moda femenina y que son aún más inciertas». 
En 1974 decía, en una conferencia: «la Misa le pertenece a la Iglesia. La nueva misa no pertenece sino al modernismo.Yo me atengo a la Misa católica, tradicional, gregoriana, ya que ella no pertenece al modernismo [...] El modernismo es un virus. Es contagioso y es menester rehuirlo. El testimonio es absoluto. Si rindo testimonio a la Misa católica, es necesario que me abstenga de celebrar otra. Es como el incienso quemado a los ídolos: o un grano, o nada. Así que: nada».
A pesar de la abierta resistencia del padre Calmel a las innovaciones litúrgicas, nunca llegó de Roma ninguna sanción. La lógica del padre dominico era demasiado apretada, su doctrina demasiado ortodoxa, su amor a la Iglesia y a su tradición perenne demasiado leal para que se lo pudiese atacar. No se intervino en contra de él, ya que no se podía. Entonces se envolvió el caso en el silencio más criminalmente cómplice, al punto de que el teólogo dominico -conocido, en parte, en el mundo tradicional francés- es poco menos que desconocido en el resto del orbe católico. 
En 1975, el padre Calmel se apagaba prematuramente, coronando su deseo de fidelidad y resistencia. En su Declaración de 1969 había pedido a la Santísima Virgen «permanecer fiel hasta la muerte a la Misa católica, verdadera y sin equívocos». La Madre de Dios colmó el deseo de este hijo predilecto, que murió sin haber nunca celebrado la misa nueva para permanecer fiel al Supremo Juez, a quien debía rendir cuentas de su sacerdocio.

Fuente: http://www.conciliovaticanosecondo.it/

20 comentarios:

  1. Cuando las atrocidades bergoglianas crecen a un ritmo vertiginoso, no solo es necesario, el confrontarlas, sino también mostrar el deber ser.
    Más que adecuado el artículo cuando la zozobra de la barca de Pedro parece irremediable. Con la convicción de que la Iglesia no es el Vaticano y la verdad no es la propuesta caprichosa del Espíritu Santo, estamos llamados a resistir sabiendo que como dice este santo varón, "el modernismo hace caminar a sus víctimas bajo el estandarte de la obediencia"
    Agradezco de todo corazón su aporte a esta cada vez más reducida resistencia, pero a la vez más fiel. Esperemos que llegado el momento sea igualmente heroica.
    Viva Cristo Rey.

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    1. La iglesia si es el vaticano y ellos lo saben muy bien. ¿porque cree que lo usurparon?

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  2. Flavio, excelente recordatorio y lección para aquellos novusordianos que aun con buena intención y de buena fe, asienten cual títeres a todo cuanto venga de la llamada jerarquía devenida modernista; es decir: de matriz intelectual judeo-masónica; incluyendo a los papas posconciliares y mas que ninguno el actual.

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  3. Sus artículos suelen estar bien y sirven de consuelo, hoy escribo por primera vez y para lamentarme. Cualquier persona de fe verdadera y fuerte ha podido encontrar a Dios en la Eucaristía en las misas Novus Ordo después del Concilio Vaticano II. No se si en todas , pero que Jesús se digne a bajar a las especies por Amor inabarcable a pesar de los sacrilegios que se cometen contra Él quizá solo por un alma enamorada sinceramente, me hace dolorosamente repugnante su opinión y perdone que le hable con tanta franqueza. La misa verdadera es la Tridentina , eso no tengo la menor duda, pero a Dios se le puede encontrar todavía en las otras. A mi su opinión no me interesa lo más mínimo, ahí están los milagros eucarísticos de misas Novus Ordo, o el consuelo y la santificación que se puede obtener de la adoración Eucarística, en Iglesias donde se celebra el Novus Ordo también, para desmentir las dudas que usted arroja . Si me repele lo que dice es porque hay gente que no tiene fe fuerte y verdadera como yo, o no se ha pasado horas ante el Santísimo tampoco, con lo cual si su sensibilidad es extrema y contempla las atrocidades que se cometen por sacerdotes o porque se informa de otra manera, como leyendo este blog , por ejemplo, desista de confesarse y comulgar. Dios no nos va a juzgar por categorías humanas y snob- y perdónenme- como novusordista o cualesquiera otra. La santidad no tiene nada que ver con el snobismo.
    Comprendo que la situación de Argentina tiene que ser de lo peor- de hecho el Falso Profeta Bergoglio ha salido de allí, y no es casualidad en absoluto-, lo digo porque quizá allí haya más abusos litúrgicos - aún-, que en España, y usted cometa el error de generalizar. No me importa, pero escribo esto porque Jesús Sacramentado todavía se deja encontrar en las Iglesias, y usted con lo que afirma está siendo piedra de escándalo para pequeños en la fe, o que estén sufriendo alguna crisis profunda.
    De que vaya a venir un papa chupiguay, olvídese ya del todo, el papa argentino de ficción es el que merecen nuestros pecados. Benedicto XVI es el último Papa verdadero, después de él , los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva.,


    Atentamente,

    Filomena de Pasamonte.

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    1. bergoglio salió del woytilismo no de Argentina, a ver si se entiende la diferencia.

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  4. Esté atenta, Filomena. No expresé una opinión, sino un hecho: no son pocas las almas que sufren este tormento de conciencia, lo que sirve a delatar la anomalía del Novus Ordo Missae, la incomprensible arbitrariedad con la que se pretendió meter las manos (la impronta meramente humana) en una obra que no reconocía autor (al menos meramente humano).

    Si vamos a lo que creo, y no a mi opinión, le diré que suscribo lo de «que Jesús se digna a bajar a las especies por Amor inabarcable a pesar de los sacrilegios que se cometen contra Él quizá solo por un alma enamorada sinceramente». El padre Calmel (y me apoyo en su pensamiento, ya que de él tratamos aquí) no entendía inválida la nueva Misa, pero la veía contener los gérmenes que en un futuro no muy lejano la invalidarían. Sabemos que, siendo válidamente ordenado el ministro y pronunciando éste la fórmula consacratoria sobre las especies de pan y vino, el milagro de la transustanciación se realiza. Pero hete aquí que hasta el texto del Canon (que Calmel, entre otros, pedía con harta razón permaneciese inalterado) sufrió variaciones no menores. Dice él: «el Canon Romano “traducido” es en realidad un canon falsificado. Si por ejemplo se sigue suplicando al Padre, ese Padre ya no es más clementísimo, sino sólo infinitamente bueno; ya no se recuerda que Él manifiesta su bondad infinita por el don supremo de su clemencia y de su misericordia: la inmolación por nosotros de su propio Hijo. Ese padre ya no tiene que ser apaciguado por el sacrificio de Nuestro Señor: basta con que acepte nuestra ofrenda con benevolencia. Ya no se le pide que considere con una mirada favorable una hostia de propiciación, sin mancha e inmaculada, sino solamente que mire nuestra ofrenda con amor. Como era de temer, silencio absoluto sobre la eternidad de la condenación. Sin duda, todavía se reza por los difuntos, pero sin recurrir a la indulgencia del Padre, así como sin hacer alusión al refrigerio del paraíso después de las llamas del purgatorio. La devoción, expresada formalmente en el texto latino, es cambiada en simple apego, con el fin de velar lo más posible la trascendencia al Creador y nuestra condición de criaturas. Para terminar con ésta enumeración, que está lejos de ser exhaustiva, de los arreglos y trampas ante los cuales no han retrocedido unos innovadores sin escrúpulos ni piedad, señalemos ésta omisión insolente, odiosa, en el relato de la institución que enmarca las palabras consagratorias: El término venerable ya no es empleado para calificar las manos de nuestro Salvador. Esas manos Divinas que antes de ser clavadas en la Cruz, partieron para todos los redimidos el pan eucarístico y nos presentaron para siempre el cáliz de la salvación, ya no se dirá más de ellas que son manos infinitamente dignas de veneración». Concluyendo el mismo: «Es por un verdadero abuso de confianza que los traductores se permiten llamar Canon Romano a un formulario de su cosecha, que no es ni una traducción, ni siquiera una paráfrasis».

    La verdadera piedra de escándalo la constituyen los sátrapas que se concedieron el inaudito permiso de alterar estas cosas, con lo que atrajeron sobre los creyentes una noche análoga a la de Getsemaní, y ¡que Dios sea bendito por este desmesurado favor, pero que nos conceda la Misa! Desconocer esto es no comprender el carácter de los tiempos que vivimos, que son los de una transición en acto hacia la ulterior «supresión del sacrificio cotidiano» a que alude Daniel. Porque es altamente probable que la astucia del enemigo haya entendido alcanzar ese funesto término gradualmente, y no de golpe, para que pase más inadvertido. La Misa nueva, con su progresiva e imparable degeneración, ha sido propuesta como medio hacia tal fin. Que -conste, para que no me malentienda- no ha sido aún alcanzado, pese a las Misas Kiko o Fran-Circo.

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  5. Gracias por su contestación don Flavio, creo que estamos de acuerdo en lo importante y esencial, en la Verdad, que con esta respuesta a mi comentario queda más claramente explicitada. Un pero: yo estoy acostumbrada a oir en las misas- aunque bien es cierto que no en todas -, la expresión " en sus santas y venerables manos" . Y otro más:
    Sobre las misas kikas no estoy yo tan segura de que se produzca la consagración al menos del vino, y dado que su numero se ha incrementado portentosamente,son un instrumento magnífico junto con los carismáticos y los apóstatas-masa de otras denominaciones o que van por libre,en manos de la Trinidad Impía -Satanás ,Anticristo , Bergoglio- ,para la difusión del mal y la eliminación de la Eucaristía. Cuando esto último ocurra los castigos que va a enviar Dios a los responsables, van a ser de aúpa.

    Atentamente,

    Filomena de Pasamonte.

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    1. Es cierto: la expresión "en sus santas y venerables manos" consta en la Plegaria Eucarística I (no así en las II, III y IV) que, aun con sus múltiples omisiones, es la más conformada a la de la Misa Tradicional. Sobre las misas kikas, no quiero hablar para no enzarzarme en cosas que conozco a medias: quise traerlo apenas como ejemplo de que los abusos litúrgicos no son patrimonio de una u otra latitud.
      Saludos

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  6. Las misas donde profanan el rito y las misas kikas y carismáticas se multiplican gracias a que destruyeron la verdadera misa, a ver si por fin Filomena lo entiende. El codificado que se le hizo en Trento fue justamente por eso señorita.

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  7. Las misas NO confieren al Santísimo pero no la gracia
    porque le han quitado las oraciones donde se aplican los méritos.

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    1. Aclare [para evitar posibles descontentos sintácticos, e incluso malentendidos teológicos] que con "NO" quiere decir "Novus Ordo". No es que esté enfatizando una negación [algún distraído puede leerlo así]

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  8. Nótese a su vez el reclamo de los novadores a la obediencia, virtud religiosa burlada por ellos sistemáticamente mientras no estuvieron al comando de diócesis y dicasterios.
    Correcto.
    Por eso pudieron hacer ese trabajo de zapa que culminó en el vedos.

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  9. El modernismo hace caminar a sus víctimas bajo el estandarte de la obediencia
    siiiiiiiii, asi es, tal cual.

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    1. obediencia a los demoledores ¡tremendo!!

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  10. Es lógico el sentimiento de tormento en la conciencia, porque la obediencia es una virtud, y no se mide en la calidad de lo mandado, sino en el mandato.
    Santo Tómas decía; la desobediencia es fruto de la vanagloria.
    San Pablo en Rm 13 fue más duro aún.

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    1. Non est oboedientia contra Deum

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  11. Entonces, no me quedo claro, si no se puede asistir a la Misa de Siempre todos los domingos, por mas que sea válido y este S.D.M. realmente presente, obliga el Novus Ordo, para cumplir el precepto?

    Augustinus

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    1. En su pregunta estaría la respuesta: "...por más que sea válido...". Si es válido, obliga.

      Con todo, tal es la anomalía que atrajo la reforma o ruptura litúrgica, que no podemos evitar interrogarnos por cosas que deberían ser tan diáfanas como el mediodía. Y así, no faltan quienes desestiman la validez del Novus Ordo y recomiendan, en caso de no poder asistir a la Misa Tradicional, ocuparse en ejercicios de piedad (rezo del Rosario, etc.) para proveer a la santificación del domingo. No es que apruebe esto: lo traigo a cuento para ilustrar el estado en que nos dejó este cambio evitable e innecesario.

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  12. No se puede culpar de las libertades que Dios nos dió, al cambio liturgico.
    Mas que traer a cuento se debe desaprobar enfaticamente.

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