jueves, 17 de diciembre de 2015

¡AH, BABILONIA, MALDITA...!

Nos habíamos llamado a silencio por razones de fuerza mayor -y al punto volveremos al mismo-, sino que no podemos dejar de repetir a viva voz la identificación de la Roma usurpada y trastrocada con la Meretriz Magna del Apocalipsis, «cuyo nombre es Misterio», y que está «ebria de sangre de los mártires de Cristo». Para esos mártires, cuya memoria se esmera en afrentar con sus asiduas procacidades, la Ramera sabe alternar una beatificación con un espectáculo de burdel. Ya es todo nuestro el estupor que san Juan probara ante una visión tan increíble, y esto porque quienes conducen a la Iglesia siguen elevando sin cesar la apuesta, sin que podamos siquiera colegir qué nueva y más grave impudicia ofrecerán la próxima semana.

Como esos tres líderes religiosos (el católico, el protestante y el cismático oriental) que Soloviev reunió en su célebre relato no a instancias del ecumenismo post-conciliar (esto es: no unidos por el amor sino por el espanto ante la figura cada vez más reconocible del enemigo), los cuales, en un momento de la tramposa alocución del gran líder laico no dudaron en denunciarlo al grito de: «¡hermanos! ¡Es el Anticristo!», así creemos tener que clamar, a la vista de la basílica junto al Tíber: «¡hermanos! ¡Es Babilonia!», apremiando el paso antes de que un nuevo Vesuvio la sepulte en el fuego de su indignación. Porque ha de saberse que, luego del reciente espectáculo de luces e imágenes sobre la cúpula de san Pedro, que emplazó -el mismísimo día de la Inmaculada- simios y tucanes allí donde reposan los restos del Príncipe de los Apóstoles, ahora se anuncia, para abril próximo, el Primer Congreso Mundial de la Sociedad Europea de Ginecología Estética (!!!), que ya hizo circular sus invitaciones, convenientemente ilustradas con la fachada de la basílica mayor de la Iglesia.




¡Qué triunfo se han reportado los infames! No sin escrúpulos al tener que consignar aquí tales datos, «porque las cosas que hacen ellos en secreto, no permite el pudor ni aun decirlas» (Ef 5, 12), del programa del Congreso se deduce la participación de una entente de quirurgos que, en las instalaciones del Institutum Patristicum Augustinianum, tratarán cuestiones tales como la estimulación del "punto G" para una vida sexual más satisfactoria, o bien sobre "reconstrucción vaginal", himenoplastia, engrose de los labios de la vulva con injertos de grasas y tejidos, lifting del clítoris y cosmética vaginal, todo con proyecciones audiovisuales. De entre los profesionales participantes, venidos de distintos países del mundo, figuran como los más numerosos cinco connacionales del Sumo Pontífice: algo así como una firma. El programa, en inglés, consta aquí.

Amparada por la apariencia aséptica de "ciencia", si algo demuestra esta asamblea de corruptores es su avidez por profanar el último reducto sacro (o lo que se les representa como tal) en un mundo definitivamente volcado al hedonismo sin freno. Alcanza tan fácilmente su objetivo sólo a instancias de una Jerarquía que ya viene consagrando lo venéreo en todas sus versiones y perversiones, rendida antes de pelear y, muy a menudo, partícipe material de cuanta aberración sexual encuentre cauce en la hipnótica demencia de una población mundial tele-dirigida por demonólatras.

Ni un cineasta como Buñuel, con sus sopesadas dosis de anticlericalismo, non-sense y amargura existencial, hubiera podido excogitar un pastiche tamaño. A la nueva Iglesia y a sus fieles y ministros, y a sus invitados, cada vez más configurados todos con Babilonia, sólo les cabe por epitafio espiritual aquel elocuente paso del refranero: puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija.

lunes, 7 de diciembre de 2015

SALMO PARA EL JUICIO DE BABILONIA

Herrade von Landsberg (s.XII), La Ramera de Babilonia


Astutos enemigos la embriagaron
con ajenjo, y sus manos codiciosas
usaron para hollar todas sus cosas
y, así que estaban sucias, la ensuciaron,

y así, sin pausa, ya no descansaron
hasta usurpar el Trono, las raposas.
Y al tiempo que a las rosas
hurtaron tez y aroma, la apremiaron

a enderezar las velas hacia el yermo,
y al desnortado rumbo acometido
-contrarios rumbos ambos- van aína.

¡Que colmen la medida! Ya no duermo
celando el fogonazo y el tronido
que anuncien de la Meretriz la ruina.


Fray Benjamín de la Segunda Venida


jueves, 3 de diciembre de 2015

COLAPSOS DE BABILONIA

Vigencia de una antigua exhortación

Resulta un clamor que atraviesa toda la historia de los humanos desvelos aquel que pronunció Parménides cinco siglos antes de nuestra era, asentando el principio de identidad y no-contradicción:
Mas ¡ay! voy a decirte -tú escucha mi relato y acógelo- cuáles son las únicas vías concebibles de investigación: la una es la vía de que "es y no puede no ser" [...] La otra es la vía de que "no es y tiene que no ser". Esta vía te advierto que es un vericueto totalmente inexplorable, ya que al no-ente no lo podrías ni conocer (esto es irrealizable) ni expresar.
Cierto es que el eleata, no sospechando que las aún no exploradas nociones de potencia y acto bastarían a explicar la mutabilidad y el movimiento de las cosas, se obstinó en negar todo cuanto sucede para contentarse con reconocer sólo lo que es, y lo que es en su pura estabilidad. Sus rebuscas, con todo, nos legaron una lección diamantina, antídoto contra el veneno del escepticismo liberal que, a distancia de tantos siglos, acabaría por disolver las conciencias de Occidente.
Esto es lo que hay que decir y pensar: que el ente es porque puede ser, mientras que "nada" no puede ser. Te mando reflexionar sobre estas cosas. Ésta es, efectivamente, la primera vía de investigación de que te excluyo. Pero, en segundo lugar, te excluyo de esta otra vía, la que siguen errantes los mortales que no saben nada, bicéfalos, pues el desvalimiento es el que rige en el interior de su pecho una mente errabunda: se ven arrastrados, sordos y ciegos a la vez, pasmados, gente sin juicio, que están en la creencia de que ser y no ser es lo mismo y no lo mismo, y de que de todas las cosas hay un camino de ida y vuelta. 
Parménides
Nótese la vehemencia con la que el primitivo filósofo pone en guardia a su discípulo respecto de la tentación de disolver las certezas primarias (aquellas que no requieren ser alcanzadas, sino que nos son sencillamente dadas en virtud de la naturaleza misma de la actividad mental y de sus leyes). Candorosas incurias al margen, se reconoce sin rodeos la insidia -letal al espíritu- de esa especie de irracionalismo nihilista que se granjeó tanta descendencia a través de las edades.  Si, como apuntó Gracián, «no hay error sin autor ni necedad sin padrino» (y esto es fácilmente reconocible al estudiar la historia de las herejías, que parecen remitir siempre a una fórmula original luego retomada con ligeras variantes, una y otra vez), ésta de atacar los principios mismos de la razón, según la amplitud de sus efectos y la tenacidad de sus manifestaciones, parece maquinación digna de atribuirse al Enemigo de la estirpe humana.

Suele contraponerse Parménides a Heráclito, como portavoces que son ambos de la filosofía de la inmutabilidad del ser y de la del ser in fieri -en devenir-, respectivamente. Sin embargo, hay en Heráclito una nota que no desdice de la recia prédica de su oponente, y ésta es la exaltación del logos. «Es necesario seguir lo común; pero, aunque el logos es común, la mayoría vive como si tuviera inteligencia propia». Acá también encontramos una recusación de ese individualismo banal y anárquico que debió cundir en todas las épocas críticas, ostensiblemente en la nuestra.

Hay, en rigor, otro autor antiguo que -según la siempre provisoria hermenéutica que puede aplicarse a unos pocos fragmentos remanentes de su obra- podría oponerse con más razón a este ensayo de metafísica y de rigurosa lógica iniciado por la escuela eleática, y éste es Anaximandro, con su identificación del principio de los seres con el ἄπειρον, lo «indeterminado». Que, si bien pudiera aplicarse a un Ser supereminente que no cabría en las caracterizaciones que definen a los otros seres, siendo irreductible a todo intento de precisar su naturaleza y operaciones, y al que sólo podría aludirse por vía de negación (lo que, a riesgo de hacer zozobrar el conocimiento racional de Dios, podría al menos coincidir con la llamada «teología negativa», atenta a la absoluta e inefable alteridad divina), lo cierto es que, al hacer de este principio indeterminado aquel del que «los seres tienen su origen y en el que surge su corrupción, por [fuerza de] necesidad», el ápeiron de Anaximandro (y así lo entendieron sus más acreditados glosadores) termina por aludir a un principio material, inmanente al mundo. Una expresión más bien abstracta -cumplido el proverbial tránsito del conocimiento mítico al conocimiento racional- de aquel caos que Hesíodo ponía en el principio genealógico de todos los seres.


El liberalismo sigue siendo pecado

Hacer del caos fuente y término de ciencia, allí donde no hay inteligibilidad posible y se zozobra en el acaso, o bien tener al mismo caos como objeto de adhesión cordial -haciendo o no explícita esta preferencia- es un pecado intelectual que hizo acto de presencia en todas las edades. Desde los sofistas y Pirrón, pasando los «académicos» con los que disputara san Agustín, hasta los que desde el pensamiento, la literatura o o la pseudo-mística  negaron el principio de individuación (gnósticos, Spinoza, Giordano Bruno, Swedenborg, William Blake, entre otros), casi a modo de una corriente subterránea que pujara por salir a plena luz para ahogar las evidencias primeras del intelecto, esta mala gnosis en todas sus variantes es irreductible enemiga de la buena, la que desde la Proto-tradición hasta la plenitud de la Revelación en Cristo nos ha sido dada como faro. Por esto, por esta confianza en que aun fuera del ámbito revelado es posible hallar suficiente dosis de buena salud intelectual y apego a la luz, que no a las sombras -lo que se deduce de la certeza de que el pecado original no corrompió totalmente a la naturaleza humana-, el cristianismo pudo valerse, como de providenciales auxilios, de todos aquellos conceptos ofrecidos por la especulación de los griegos para elaborar su propia teología.

Si nos atuviéramos a las categorías puestas en boga por Nietzsche, diríamos que la historia del pensamiento moderno, por causas múltiples y arduas de enunciar en pocas líneas, ha sido la de una progresiva reivindicación de Dionisos contra Apolo. Pero nosotros, que no somos apolíneos sino católicos (es decir: no nos pagamos de una eudaimonia según el modo clásico, escuetamente terreno, naturalista y autosuficiente, sino que a las perfecciones inherentes a este cosmos cerrado les atribuimos un desgarramiento, una nostalgia supramundana capaz de añadirle ulteriores y más subidas perfecciones, y a ello alude el Apóstol en Rom 8,19: las criaturas todas están aguardando con gran ansia la manifestación de los hijos de Dios), nosotros sabemos que la cosa es más grave aún, y que si la posibilidad de esta ofuscación de la razón fue triunfantemente contenida durante los siglos de cristiandad, las persuasiones de Dionisos, hoy triunfantes, son las de Satanás, que busca disolver al hombre (o de-construirlo, en la jerga hoy al uso), soltarlo de sus determinaciones propias y sumergirlo en la marea de la indiferenciación.

La brecha en nuestras filas la fue abriendo la civilización de la técnica gestada por la Ilustración, con su acelerada exclusividad en la búsqueda de los bienes útiles y deleitables a expensas del bien honesto. Todo un mundo humano configurado a instancias de esta peligrosa deriva del espíritu, con una política y una economía y una filosofía fundadas sobre la misma, fue suficiente para asediar durante dos largos siglos a la Iglesia -con notorio hito en la usurpación de los Estados Pontificios y en la caída de las últimas monarquías católicas-, hasta que la guarnición sitiada, bien por las fatigas derivadas del caso, bien por hábil infiltración y engaños, comenzó a persuadirse de que las razones del adversario no eran tan malas. Por lo demás, éstas venían reforzadas por todos los frutos visibles del dominio técnico sobre el mundo, asaz apetecibles.

El precio a pagar por este desfallecimiento fue el de la incoherencia, o -recordemos la amonestación de Parménides- el de la bicefalía: seguir llamándose católicos, tener el recado de transmitir la Verdad revelada con extensión a sus consecuencias en la moral personal y pública, pero con secreto apego a la tesis contraria -apego, por lo demás, muy a menudo manifiesto, para mayor estrago del común. «Más que una confusión, el catolicismo liberal es una ‘enfermedad del espíritu’: el espíritu no consigue sencillamente descansar en la verdad. Apenas se atreve a afirmar algo, se le presenta la contra-afirmación, que también se ve obligado a admitir. El Papa Paulo VI fue el prototipo de este espíritu dividido, de este ser de doble faz – incluso se podía leer esto físicamente, en su rostro – en perpetuo vaivén entre los contradictorios y animado de un movimiento pendular, que oscilaba regularmente entre la novedad y la Tradición. Dirán algunos: ¿esquizofrenia intelectual? Creo que el Padre Clérissac vio más en profundidad la naturaleza de esta enfermedad. Es una falta de integridad del espíritu, escribe, de un espíritu que no tiene suficiente confianza en la verdad» (Monseñor Marcel Lefebvre, Le destronaron, cap. XVI). Ocupados en congeniar con el mundo, en suscribir fórmulas de compromiso con los poderes anticristianos dominantes, los papas recientes han sido todo menos hombres "tallados en una sola pieza".

De esta enfermedad murieron dos o tres generaciones lo menos, fatalmente convictas de que la libertad de pensar y decidir era la más preciada prez de la estirpe humana. A esta enteca noción de libertad se la erigió en fuente de la farragosa jurisprudencia moderna y del agotador vaniloquio sobre los derechos. Louis Veuillot supo responder a esta exaltación febril de la facultad del libre albedrío, que es aquello sobre lo que en realidad versa el liberalismo, distinguiéndolo cuidadosamente de lo que en rigor debe llamarse libertad: «lo que tenemos la libertad de hacer es lo que podemos hacer impunemente en presencia de la justicia perfecta». Se trata, en fin, de la conocida sentencia que dice que obrar voluntariamente el bien es ser de veras libre, pues «todo aquel que peca es un esclavo» (Io 8,34). Es increíble que sobre la ignorancia de una tal lección pudiera edificarse toda una doctrina de pensamiento, y que esta resultara a la postre tan influyente.

En todo caso, en seguimiento del libre arbitrio, son las libertades de perdición las que terminaron exaltadas, la libertad de corromperse y corromper, en una marcha demencial que lo envolvió todo, incluyendo a la Iglesia, y proveyendo como primer efecto (porque debajo de los permisos y las autoconcesiones aún resuena la odiosa voz del deber) el de la conciencia desdoblada, múltiple, siendo que la felicidad reside en la simplicidad del espíritu. Esta multicefalía, como un morbo indomable, pasó de afectar a los individuos a enseñorearse de las instituciones. «Una de las características de las dos Bestias del Apocalipsis es tener varias cabezas. Pues bien, la sociedad contemporánea, contrariamente a la de la Edad Media, tiene también varias cabezas, desde la familia hasta el Estado» (Guillermo Gueydan de Roussel, Aforismos, en El Verbo y el Anticristo). 

Todo lo ha debilitado el liberalismo, desde la conciencia personal hasta la vida de las naciones: la política de partidos nos lo dice desde su misma definición. A este clima debía corresponderle esa patología tan en boga que dio de comer a tantos profesionales: la neurosis, esa penosa tensión psíquica que resulta de haber heredado un conjunto de pautas morales mal asimiladas, asumidas sin íntima adhesión y sin energías anímicas, en un contexto de posibilidades y exigencias de vida tanto más solícitas cuanto irreales -las que resultan de la civilización técnica y sus efectos inmediatos. Y como de la neurosis se sale o por la santificación personal o por el mero desmadre (por eso los psicoanalistas, que tienen a la neurosis por el mal absoluto, instan a superarla por la satisfacción de los deseos, sin mayor preocupación por la moral), de aquella prolongada e indeseable tensión neurótica se verá libre la generación siguiente, de caracteres ya francamente psicopáticos, cuyos rasgos parecen los descritos por san Pablo en II Tim 3, 1ss.: «en los últimos días se levantarán hombres pagados de sí mismos, codiciosos, altaneros, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, facinerosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, fieros, inhumanos. traidores, temerarios, hinchados, y más amadores de deleites que de Dios, mostrando, sí, apariencia de piedad, o religión, pero renunciando a su espíritu». 

Lo subrayado al final, huelga precisarlo, señala el ingreso triunfal de este pathos a la Iglesia.


Babilonia en la mira

Con esto llega a sus últimas consecuencias el liberalismo propugnado por los degenerados revolucionarios de 1789, cuyos designios debían vencer unas cuantas resistencias antes de impregnar completamente la mentalidad del común. Y es que el último paso debía cumplirse por medio de una casi "mutación genética", expurgando del hombre la facultad que lo distingue de las bestias.

Es significativa, a este respecto, la apelación tan reiterada hoy en la Iglesia -y presentada como antítesis de la misericordia- a "no juzgar", paralela al "no discriminar" de la sociedad civil. Su insistencia sin matices sobre este punto, con el recurrente descuido de que el término comporta varias acepciones -y que la más inmediata y universal de ellas versa sobre la primera de las operaciones del intelecto-, obliga a pensar que estamos ante un llamamiento universal a la pirrónica epojé, a la ceguera voluntaria: de hecho, la posesión de alguna certeza de carácter ontológico-moral resulta cada vez más desacreditada como un odioso signo de arrogancia. Tal la clarividente anticipación de Lope: «señales son del Juicio / ver que todos le perdemos». Al desnaturalizar de este modo al hombre, al vaciarlo del más característico de sus atributos nativos, la redención de Cristo se vuelve superflua, pues consta que el Señor no se encarnó para salvar a los brutos. Ésta, sin dudas, ha sido la jugada más astuta del demonio.

Y con la razón se fue también el remanente corazón, ídolo un tiempo de las conciencias formadas en ese romanticismo de divulgación que quiso ponerle un dique a los desafueros del racionalismo. Porque las notas de «implacables» e «inhumanos» que constan en el elenco paulino citado más arriba son las más apropiadas a una estirpe gravada por el desapego afectivo y por la práctica desaparición del sentimiento de culpa, que si aún se vincula con sus semejantes esto es apenas provisoriamente, sin anudar mayores compromisos, incapaz de la promesa y del desvelo por algo de íntegro. Son tiempos sin duda paradójicos para las presuntas "conquistas" libertarias, en que el hombre, esa mercancía, a menudo no iguala la dignidad de -digamos- el automóvil.

De allí la inescrupulosidad con la que se ejerce el poder, y hoy señaladamente en la Iglesia. Que a la disolución de la propia identidad (digámoslo: del Credo) se le empareja la más cruel persecución de aquellos elementos que aún conservan la fe en medio de las ruinas sembradas por el modernismo. Cuyos personeros se revelaron eficacísimos artesanos de la devastación: allí donde se descubrió un rincón a salvo de la acción gravitante de los tiempos y del contagio deletéreo de las costumbres, allí se corrió a cortar cabezas, ocupando seminarios uno tras otro, y cátedras episcopales, y parroquias e instituciones piadosas.

Babilonia presa de demonios y espíritus inmundos,
grabado, por Víctor Delhez.
A unos tales hombres conviene aquel versículo que, con el anuncio de su caída, clama que «Babilonia la Grande ha venido a ser morada de demonios, guarida de todo espíritu impuro, refugio de toda ave inmunda y odiosa» (Ap 18,2). Porque esta jerarquía solícita en anudar lazos con los protestantes, que prepara una fastuosa celebración del quingentésimo aniversario de las tesis de Wittemberg, ha merecido, como premio a sus desvelos, que la maliciosa exégesis de Lutero que identifica a Babilonia con Roma y el papado se verifique finalmente. Sin historia y sin destino, como la generación psicópata, sin patrimonio espiritual y sin gloria, sólo le queda esperar la hora en que se cumpla su sentencia. Que, paradójicamente, podría tener por instrumento a aquellos mismos a quienes se lisonjea asegurándoles la engañosa adoración a un Dios común y cuya duradera enemistad, sorbido el bebedizo del irenismo, fumada la pipa de la falsa paz con los infieles, se ha olvidado del mismo oprobioso modo con que se olvida el propio nombre.

El islam, en verdad, junto con el sabelianismo y otras plagas antiguas, debería contarse entre las herejías antitrinitarias, hoy bogantes con las más diversas apariencias en toda la redondez de la tierra. Ese "monoteísmo absoluto" o "de tipo semítico", como se lo ha designado a menudo, entraña un categórico rechazo del Dios revelado en y por Cristo, lo que impide hablar de "un Dios común". Y esto mismo dígase de cuantas refundiciones falaces del Evangelio se han multiplicado en Occidente después de la ruptura protestante. ¡Cuánta verdad encierra la socorrida fórmula de De Maistre, citada a menudo por Castellani, acerca de que «el protestantismo vuelto sociniano (negada la divinidad de Cristo) no se diferencia ya esencialmente del mahometismo»! ¡Ellos sí podrían hablar de un "Dios común" con los muslimes, y si nuestra jerarquía insiste en hacerlo es simplemente porque ha renunciado a la fe en la divinidad del Hijo Único de Dios! Con razón san Juan advierte, en tratando del Anticristo, del mentiroso por antonomasia, que «el que niega al Hijo no posee ya al Padre» (I Io 2,23).

Debemos volver a la monición de Parménides (que jamás pudo prever la proyección apocalíptica de sus alarmas, pero que debió colegir la imperdonable injuria latente en la renuncia a la razón), para concluir que de la negación del Logos divino se pasa, sin solución de continuidad, a la negación del logos humano, y por ésta vuelve a confirmarse aquélla con creces. Se ha hecho experiencia voluntaria de la insensatez, pretendiendo entablar un imposible camino de ida y vuelta entre el ser y su negación, siendo que el drama de la apostasía entraña por añadidura el de la bestialización y la cosificación del hombre, del que no parece haber retorno. Y que la puja actual entre el Islam y el Occidente post-cristiano, guerra de civilizaciones en ciernes y fáustico producto de laboratorio geopolítico, supone el de dos fuerzas que, al menos, coinciden en algo: la oposición, a un mismo tiempo, al Logos trinitario y a la razón. Pues al paso que los unos invocan a un Alá que no gobierna al mundo a través de las leyes inherentes a las cosas por él creadas y llevadas congruentemente a sus fines propios, sino compulsivamente, a través de decretos siempre arbitrarios, como un califa; así los otros han renunciado a distinguir los contornos de las cosas, y ni la propia naturaleza humana les es ya descifrable -y menos su dignidad, en tanto pasible de adopción divina-, arrastrados a tierra sus pensamientos por la desdichada atracción del caos.

Basta ver cuánto esto se haya extendido a la Iglesia para no quitar ya la vista de las nubes, proveedoras del único auxilio esperable. Recordemos a Bergoglio refiriéndose con desprecio a los "especialistas del Logos". Las florecillas de este Francisco, hilvanadas de copiosísimos hechos y palabras manados en menos de tres años para escándalo de las conciencias cristianas, nos eximen de mayores comentarios, que ya los hemos hecho a profusión en este blogue. Sólo en esta última semana, la de su visita al continente negro, puede advertirse una increíble condensación de signos, desde la apertura de la Puerta Santa del Jubileo entrante en la catedral de Bangui, República Centroafricana, declarada por él «capital espiritual del mundo», hasta la afirmación, luego de acudir a la mezquita de esta impensada Nueva Roma, que «mi visita pastoral a la República Centroafricana no estaría completa sin este encuentro con la comunidad musulmana». Previamente, a través de su Secretario de Estado, ya había hecho saber que el Jubileo estaría abierto a los musulmanes, sin que nunca se aclarara cómo podrían los no bautizados aprovechar el tesoro de las indulgencias, a no ser ingresando a la plaza San Pedro con una fuerte carga de trotyl bajo el turbante. Si esto no es desafiar de raíz no digamos ya la fe católica, sino incluso todo principio de identidad de ser y de conciencia, no sabemos qué otra cosa podría serlo.

Sus ansias de poder a todo trance y la frialdad con que es capaz de quitarse de en medio a sus víctimas le han ganado a Bergoglio, entre quienes lo conocen, la fama de psicópata. Era el colofón obligado al camino vacilante emprendido por sus inmediatos predecesores: la Iglesia salió de la neurosis liberal lanzándose a los brazos del Maligno. Y no hablamos de balde. Notemos un detalle tenebroso en el vídeo que va a continuación, filmado durante el tour africano de Francisco:





Pese a la abrumadora mayoría de papas italianos, no sabemos si hubo papas que contrajeran el horrible vicio de la blasfemia: no parece esto constar, y habría que hurgar en las más completas historias del papado para responder a una tal pregunta. Pero que la blasfemia la profiera un papa en público -y a un público mundial, dado el alcance de los modernos medios de comunicación-, es cosa inédita sin más. Y que las blasfemias tomen ocasión del consejo implícito de rezar el rosario y el viacrucis se diría propio del habla tortuosa de la serpiente, tal como ésta se presenta en el relato del Génesis, y tal como el Apocalipsis refiere a propósito de la bestia ascendens de terra. Hace poco, Bergoglio ya se había dado el gusto de hablar de la "impotencia de Dios": ahora habla, en África, del "fracaso de Dios" (adviértase el cambio de tono y de expresión facial, el inquietante énfasis al prorrumpir en el horrísono desmán, segundos 0:38 al 0:42). No, esto no es -como pretenden algunos esforzados encubridores de las vergüenzas pontificias- una osada paradoja al estilo de los místicos, que nunca andarían echando sus balbuceos en la cara de los periodistas, atentos al nolite dare sanctum canibus, y menos tendrían por sensato colmar los pronunciamientos papales de paradojas. Blasfemoglio no es místico ni parecido.

Es, por ahora, el príncipe de Babilonia, la ciudad prostituida que se erigió sobre los cimientos de Babel, la de la confusión de las lenguas. Cuya bíblica historia -bien dice Rafael Gambra a propósito de las técnicas manipuladoras del lenguaje, de cuño marxista- podría referirse no a un relato ancestral cuanto a una profecía por cumplirse. Porque en la Iglesia comenzó por sustituirse la lengua única del culto, y donde antes había unidad de fe acabó por profesarse una multitud de creencias incompatibles, a la zaga de lo cual sobrevino la multiplicación -a cuál más escabrosa- de los escándalos. Si al colapso de la razón y de la fe le siguió el del pundonor, a éste habrá de sucederle bien pronto el de las piedras: tal es el juicio dictado desde eterno contra las impudicias de la Meretriz. Y no vaya a ocurrir que a Babilonia la derriben justo cuando Francisco no se hallaba entre sus muros, de manera de proponerlo como indiscutible jefe de la religión de los ecuménicos y venideros tiempos de paz, una vez vencido el terrorismo.

«Paz y seguridad», andarán diciendo entonces, según la pervertida y ya avezada práctica de nombrar las cosas por su contrario.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA NUEVA «FE DEL CARBONERO»

Aunque su responsabilidad no iguale a la de los consagrados, no hay que menospreciar el papel de los laicos en el robustecimiento de la crisis que desfiguró a la Iglesia. Como en cierto poemilla de Bertolt Brecht en el que el dramaturgo tudesco, a expensas de su fanatismo democratizante, se preguntaba por las identidades de los anónimos constructores de Tebas y Babilonia y rezongaba ante la obviedad de que en las grandes empresas de armas o de gobierno sólo figuren los nombres de los jefes, así, en la refundición del Credo habría que husmear el rol de un laicado cada vez más hambriento de «participación» acompañando los demoledores desvelos de los jerarcas con nombre propio. Cuánto la influencia ascendente de los volubles humores populares, siempre más pagos de sí, haya hecho de tanto prelado un tribuno, un vociferador de promesas terrenas, es cosa que tendrá que estudiarse en las aulas del Milenio, si es que el capítulo XX del Apocalipsis nos habla de una nueva cristiandad transparusíaca acá mismo, en esta agitada arena de los mortales.

Los faraones no habrán contado con una tan solícita compaña de operarios y estibadores de piedras para erigir sus presuntuosas pirámides -todos ellos rigurosamente anónimos- como los obispos conciliares cuentan con su mesnada de activistas de la disolución. La apostolica actuositas que el Vaticano II se encargó de descubrir no hizo, en rigor, más que hacer más rauda la pendiente, otorgando a un montón de pelafustanes el honor de ser maestros, dando la potestad a jovencitas de discoteca para que les enseñen el catecismo a los niños. Pero lo más saliente y que pasó menos observado, la obra que supera en extensión deletérea a la de cuanta herejía pudiésemos traer a cuento, es la vaguedad inconcebible que vino a cobrar la noción de «fe». Se sabe que las masas son emotivas, tornadizas, que tienen un talante más bien femenino. Pues bien: al arbitrio de las masas anárquicas se dejó librada la resignificación de aquella virtud teologal que nunca pudo identificarse mejor que ahora con la fides informis, aquella fe que vegeta fuera del orbe de la gracia habitual y que mantiene por ello al alma en peligrosa suspensión.

Los herejes históricos atacaban un punto o dos de la doctrina; el nuevo concepto de «fe», sin precisar aún nada de ofensivo, la ataca en su conjunto, ahumando la intelección misma de la fe. Dejando incólume el dinamismo obediencial -hoy devenido reflejo condicionado y salvoconducto para todos los agravios contra la ortodoxia- la nueva «fe del carbonero» carece del respaldo de la de antaño, que al menos reposaba en la garantía de que los pastores conducían al pasto. A expensas de una presunta "fe adulta" que bien pronto se reveló más bien adúltera, se cultivó la irrisión para con aquella fe que se suponía desvinculada de la razón, sin advertir que hoy se incurre más que nunca en esa misma tacha. El credo quia absurdum debiera ser el lema de multitud de ciegos que siguen a otros ciegos al abismo, entre cantos litúrgicos que parecen tomados de los estadios de fútbol o de las comparsas.

«Os di a beber leche, no alimento sólido» (I Cor 3,2), les decía san Pablo a aquellos corintios no suficientemente adelantados en la vida del espíritu. «Os di a beber aire, vanidad, nonada», podrían repetir los pastores de la iglesia conciliar a sus rebaños, para agregar: «según me lo pedisteis. Gustos son gustos. ¡Vamos! ¡A beber!».


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jueves, 19 de noviembre de 2015

SOBRE LA FE Y SUS SUCEDÁNEOS

Si hubo una treta sobremanera exitosa entre las que el Maligno supo urdir para menoscabo de la fe, cuéntese la sustitución del concepto «fe» por un símil desleído del mismo. Rigurosamente afín a cuantos otros propiciaron los novatores con vistas a una refundición del catolicismo, el contrabando conceptual supo dejar en pie gran parte de las fórmulas para alterar su contenido implícito, llenándolas de hojarasca y serrín. Si la resurrección pasa a ser una metáfora y los milagros otras tantas hipérboles piadosas, queda claro que la fe -condición para admitir la resurrección, los milagros, la vida del mundo futuro y cuantas verdades constituyen su objeto propio- requerirá también una oportuna re-semantización.

Y acá se reveló en toda su fecundidad (si puede atribuirse fecundidad al error y a la herejía) la acepción luterana de «fe», retomada luego en buena medida por los modernistas combatidos por San Pío X: la de un impulso fiducial que hace reposar al alma -o al ánimo- en una especie de certidumbre emotiva. La fe pasa a entenderse, entonces, como una adhesión sensible que no requiere de preámbulos, ni disposiciones previas, ni exigencias ulteriores, que no pide la mortificación del propio criterio y la aceptación incondicional de un depósito transmitido por una autoridad delegada desde arriba.

La teología supo oportunamente distinguir los cinco elementos que concurren en la producción del acto de fe: 1- el motivo, que es la autoridad de Dios que revela; 2- el objeto, que son las verdades reveladas; 3- la gracia preveniente, que inspira a nuestras facultades, entre ellas: 4- la voluntad imperante, que mueve a 5- el intelecto, que bajo el imperio de la voluntad y el influjo de la gracia, acaba por prestar su asentimiento (Ad. Tanquerey, Synopsis theologiae dogmaticae). [Vale aclarar que la voluntad puede decirse imperante porque, aunque el entendimiento, por razón de sus operaciones específicas (=conocimiento del ser) sea más excelente que aquélla, a la que precede en estas mismas operaciones, las prerrogativas de ésta se explican por la supereminencia de su objeto: la voluntad, en efecto, se adhiere siempre a aquello que se le representa bajo la especie de bien; el intelecto, en cambio, persigue el mero conocer, independientemente de la nota de «malo» o «bueno» que pueda caberle a su objeto. De aquí que, alcanzada por la inteligencia una sumarísima noción de Dios como «bien», la voluntad, bajo la moción de la gracia, empuje a aquélla a adentrarse más y más en el conocimiento de ese bien. Por esto puede hablarse de voluntad «imperante»].

En la nueva acepción de «fe», si acaso queda en pie la voluntad, y ésta aislada en sí misma. A menudo, incluso, limitada a la «voluntad inferior o apetitiva» (voluntas ut natura), que ya no informada por la razón como «voluntad intelectiva» (voluntas ut ratio). La fe deja de ser, según el conocido axioma, la virtud que ofrece a los hombres, para ser creídas, aquellas verdades que la razón no puede alcanzar en sus rebuscas: más bien pasa a ser una adhesión arbitraria, informe, que, en el mejor de los casos -cuando admite una cierta guía de la razón- pasa a identificar su objeto con otros tantos objetos de la razón, incluyendo a Dios mismo en tanto objeto de conocimiento racional. Cuando no haya mero fideísmo, entonces, se tratará a lo más de la increíble confusión de fe con deísmo: un Dios que se afirma en algunos de sus atributos, tales como la razón puede reconocerlos (omnipotencia, inteligencia rectora, etc.) con el añadido -menos obvio para el conocimiento natural- de la «misericordia», entendida ya como salvoconducto universal para soslayar la ley.

No extrañan entonces esos rimbombantes títulos de los diarios («multitudinaria manifestación de fe» y similares) para referirse a lo que no es sino una especie degradada de folklore: procesiones encabezadas por un cura popular y de prédica balbuciente al aroma de los chorizos que se asan y con el estrépito de las guitarras mal ejecutadas -y ejecutadas incluso en Misa por el propio celebrante. Cualquiera de nuestros antepasados que se levantara de la tumba para asistir a estas bullangueras romerías las tendría por cualquier cosa, menos por actos de culto. En verdad, la historia de la Iglesia discente que emerge del Concilio (que es como decir: la de una catástrofe amenizada por el absurdo) puede asimilarse a esos terneritos de granja que, atados por una soga a su respectiva estaca y luego de acabar de beber su ración de leche del balde, buscan con avidez el otro extremo de la soga para sorber del mismo como si se tratara del pezón materno. Cándidamente convencidos, beben y beben del cabo que no les surte ni una gota, prolongando en falso la complacida lactación.

La comparación no es extremosa: cuando el hombre decae, hay que ir a buscar entre las bestias el más fiel retrato de su hábitos. Por lo demás, la sola irrupción en escena, en tan comprometida sazón, de un pontífice más ordinario que piojo de chancho, capaz -entre mil otras lindezas- de declararse incompetente para juzgar si una luterana puede comulgar el Cuerpo del Señor en una Misa católica, es suficientemente ilustrativo del desquicio, sin necesidad de ulteriores glosas. Ésta es la clase de sujeto que encarna la que podría llamarse, por asimilación, la «regla próxima» de la nueva fe -esto es, del caos que se ha fomentado con indudable éxito.

Así, la apostasía real encuentra un notable subterfugio para demorarse en la tierra que hollamos sin revelarse en todo su horror, y la operación de transgénesis eclesiástica se cumple sin sustitución de conceptos, sólo por su resignificación. A la zaga de la «fe» vendrán los "carismas", los "consuelos de la fe", toda la batería de fuegos fatuos que aplacarán la angurria emotiva de los feligreses de la nueva religión del corazón antes de dejarlos definitivamente vacíos. Porque la fe -que es, en rigor, una empresa de armas- ha sido tomada como un recreo informal. De manera de permitirle encontrar al Hijo del hombre, cuando venga, algo sí de fe sobre la tierra: la fe de timadores y timados.

lunes, 9 de noviembre de 2015

BERGOGLIO BIFRONTE

Nos limitamos a traducir y ofrecer este texto, de lo mejor y más sintético que hayamos leído sobre el actual pontificado. A despecho de que -como con acierto lo dice un amigo de este blogue- a Bergoglio no se lo analiza: se lo cita, acá se analiza oportunamente una medida de gobierno de las más resonantes de Francisco (la vandálica intervención de la orden de los Franciscanos de la Inmaculada) al par que la ulterior explicación que da el propio pontífice de la misma, en términos que arrojan una luz inquietante, incontrastable, sobre la calidad de los sufrimientos que se ciernen en esta hora sobre la Iglesia de Cristo.

[Fuente: http://opportuneimportune.blogspot.com.ar/2015/11/bergoglio-bifronte.html]


Me quedé desconcertado y escandalizado por lo que escribió Maurizio Blondet en un reciente artículo suyo, a propósito de las palabras que Bergoglio dirigió a los frailes Franciscanos de la Inmaculada el pasado 10 de junio.

Blondet recuerda que el discurso que hizo quedó registrado, por lo que me siento llevado a considerar, conociendo la honestidad intelectual de este periodista católico, que no tiene motivo para mentir.

Dice Bergoglio:
a mí se me explicó la [vuestra] situación tranquilamente, quedamente; oré con benevolencia por vosotros y concluí que debía tomar esas decisiones [del comisariamiento] después de haber recibido consejo [...] El principio que me guió fue el de la obediencia, porque es justamente ése el principio de la catolicidad. Cuando pensamos en la reforma protestante decimos que ésta comenzó con la revuelta: el separarse del obispo, el separarse de Roma no es la catolicidad.
Y acá ya no podemos no advertir una disonancia: la invocación a la obediencia (pero sobre esto volveré más tarde) y aquella a la Pseudorreforma protestante, que comenzó con la revuelta, el separarse de Roma. Pero, ¿cómo? ¿Y dónde va a parar el diálogo ecuménico, con el cual se enjuaga la boca el Obispo de Roma a cada paso? Entonces, ¿los protestantes son rebeldes? Con los Franciscanos de la Inmaculada Bergoglio emplea términos que están en neta contraposición con aquellos melifluos de sus numerosos encuentros con los herejes, antes y después de la farsa del Cónclave.

Y sigue nuestro sujeto:
San Ignacio nos dice que la regla "para sentir con la Iglesia" es que si yo veo una cosa negra que es negra y la Iglesia dice que es blanca, tengo que decir que es blanca.
¡En las barbas de la libertad de los hijos de Dios tan decantada por el Conciliábulo! San Pablo nos dice rationabile sit obsequium vestrum. La paradoja de san Ignacio suena por lo menos inapropiada en la boca de un hijo de la revolución conciliar que no tiene escrúpulos en contrariar la doctrina católica cada vez que tiene la ocasión. Puesto que la Iglesia no puede decir que lo blanco es negro, que la verdad es error o viceversa: de lo contrario menoscabaría el mandato divino recibido de parte de su Fundador. Y aun cuando se quisiera aceptar la advertencia ignaciana, nos gustaría entender por qué razón, cuando la Iglesia dice que el matrimonio es indisoluble y que los adúlteros están fuera de la comunión, Bergoglio toma el teléfono y llama a su portavoz Scalfari para tranquilizarlo con que los divorciados podrán recibir los Sacramentos. Por qué cuando la Iglesia manda predicar el Evangelio a todas las gentes, él sostiene que el proselitismo es una solemne tontería.

Con el estilo diamantino que lo caracteriza, agrega:
Y sin el Papa, ¿a ti quién te garantiza tu ortodoxia, lejos del Papa?
En verdad, esta proposición también chirría, especialmente respecto a las ya proferidas acerca de la conversión del papado hechas a los cismáticos de Oriente. Sin abundar que los cismáticos, los herejes y los idólatras de los que se acompaña parecen prescindir tranquilamente del Papa, y esto no parece constituir un problema para la iglesia conciliar.

Luego retoma:
Pero cuando hay una hermenéutica ideológica, yo tengo miedo, tengo miedo.
¿Pero cómo? ¿No acababa de decir que es menester obedecer ciegamente a la Iglesia, incluso si lo que ella afirma estuviera en contradicción con la realidad, o al menos con aquello que a nosotros se nos aparece como tal? ¿Qué hay de más ideológico que una obediencia irracional a cualquier orden del Papa? Y sin embargo Bergoglio tiene miedo: es para preguntarse en esta sazón si él se teme a sí mismo.

Y luego la habitual estocada genérica, sin nombres, blandida para deslegitimar una cosa de suyo buena en nombre de un caso límite. El típico estratagema capcioso: legitimar el divorcio porque un marido alcoholizado le pega a la pobre esposa; autorizar el aborto porque un delincuente violó a una jovencita dejándola embarazada, etc. O, descendiendo a los discursos de bar: mejor un buen laico que un mal cura. En fin, el derrotismo y el engaño ideológico erigidos en pastoral.
Yo recuerdo... es cierto que todos debemos ser ortodoxos, pero tantas veces se usa [la palabra "ortodoxia", NdR.] para justificar procedimientos que finalmente no resultan tan claros. Yo recuerdo a un obispo de América latina, nos apaleaba a todos: "¡la ortodoxia! ¡La ortodoxia!", pero era un especulador, hacía negocios con dinero... De este modo se acusan los unos a los otros de no ser ortodoxos para encubrir otro intereses.
Luego sigue el elogio hipócrita de la Orden:
Vuestro carisma es un carisma singular: está el espíritu de san Maximiliano Kolbe, un mártir, y está el espíritu de san Francisco, el amor a la pobreza, a Jesús despojado...
Notemos que fue precisamente por estos días que Bergoglio ordenó a los franciscanos, a través de sus emisarios de púrpura, que no llevaran la Medalla milagrosa, que borrasen el voto mariano, que no mencionaran más a san Maximiliano Kolbe.

Pero, como justamente afirma Blondet, hay luego una frase que suena -por decir lo menos- aterrorizante:
Hay otra cosa que a mí me hace entender porqué el demonio está tan enojado con todos vosotros: la Virgen. Hay algo que el demonio no tolera... no tolera la Virgen, no tolera y no tolera más esa palabra de vuestro nombre: Inmaculada, porque ha sido la única persona solamente humana en la cual él encontró siempre la puerta cerrada, desde el primer momento; él no [la] tolera.
El nexo de consecuencia que se deduce de las palabras del Obispo de Roma se nos escapa. O mejor: la única interpretación posible de estas palabras, a la luz de la disposiciones tomadas por él contra los Franciscanos de la Inmaculada, se encuentra sólo en la casuística de los exorcismos. No es raro, en efecto, que Satanás sea forzado por Dios a obedecer al exorcista, afirmando verdades que le repugnan y que revelan sus engaños.

No pensaba llegar a teorizar una enormidad semejante, pero me parece que puedan hipotetizarse sólo dos casos que justifiquen estas palabras: la posesión diabólica o una forma de bipolarismo, de patológico desdoblamiento de la personalidad.
Pensad el momento que ahora vivís como una persecución diabólica, pensadlo así...
Una persecución diabólica, sin dudas, pero de la que se confesó responsable y único mandante nada menos que el Pontífice Romano, el Vicario de Cristo, el Príncipe de los Apóstoles.

O acaso, con implicaciones menos desastrosas pero no por ello menos horripilantes, un usurpador elegido con la estafa de un Cónclave piloteado. Un usurpador que pretende obediencia ciega, pronta, absoluta, más allá de la razón y pisoteando la misma Fe. Un tirano que persigue a los buenos explotando su sentido de fidelidad a la Iglesia y que al mismo tiempo prostituye a la Iglesia con el mundo, adultera la enseñanza, pervierte la moral, conculca la espiritualidad y el impulso apostólico, humilla al Fundador.

Un tirano que pretende con arrogancia una obediencia delirante, incluso si tuviera que afirmar algo contra la evidencia. ¡Otra que parresía! Por otra parte, incluso la farsa del Sínodo sirvió a demostrar que la verdadera Relatio Synodi fue publicada por Scalfari después de la enésima llamada telefónica de Bergoglio.

Que sigan, pues, los mediadores buscando justificaciones a la obra de este personaje vestido de blanco. Yo encuentro extremadamente difícil, con toda la buena voluntad, no extraer las lógicas consecuencias de los actos infames de los que él cada día se hace responsable.

Que la Virgen Inmaculada, terribilis ut castrorum acies ordinata, ilumine las mentes entenebrecidas de los Prelados y les dé el coraje de oponerse a este Anticristo.

sábado, 31 de octubre de 2015

LA «IMPOTENCIA» DE DIOS SEGÚN FRANCISCO


por Alejandro Sosa Laprida


Desconcertantes palabras las de Francisco en su homilía del 29 de octubre en la Casa Santa Marta. Transcribo un extracto y lo cotejo luego con un pasaje del Evangelio de San Mateo :
« El don es el amor de Dios, un Dios que no puede separarse de nosotros. Esa es la impotencia de Dios. Nosotros decimos: ‘‘¡Dios es poderoso, lo puede todo!’’. Menos una cosa: ¡separarse de nosotros! En el Evangelio esa imagen de Jesús que llora sobre Jerusalén, nos hace comprender algo de este amor. ¡Jesús ha llorado! Ha llorado sobre Jerusalén y en ese llanto está toda la impotencia de Dios: su incapacidad de no amar, de no separarse de nosotros. […] El más malo, el más blasfemador es amado por Dios, con una ternura de padre, de papá. […] Dios llora por los malvados, que hacen tantas cosas feas, tanto mal a la humanidad. Espera, no condena, llora. ¿Por qué? ¡Porque ama!»

Un malhablado de temer, afable divulgador del gnosticismo
Desafortunadamente para Francisco, sus palabras no se condicen en absoluto con estas otras de Nuestro Señor:

« Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, y recibid en herencia el Reino que os fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; estaba de paso, y me alojasteis; desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; preso, y me vinisteis a ver". Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos habriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?". Y el Rey les responderá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, lo hicisteis conmigo". Luego dirá a los de la izquierda: "Alejaos de mí, malditos; id al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; estaba de paso, y no me alojasteis; desnudo, y no me vestisteis; enfermo y preso, y no me visitasteis". » Estos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?". Y él les responderá: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicisteis conmigo". Estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. » (Mt. 25, 31-46)

Un « Dios » que « no puede separarse » de sus creaturas es necesariamente un « Dios » inmanente, un « Dios » conforme a la doctrina del monismo panteísta de la escuela gnóstica, el cual es, por naturaleza, « incapaz » de separarse de quienes no son sino emanaciones de su propia esencia, chispas de la substancia divina que retornarán a ella una vez que hayan tomado conciencia de su verdadera naturaleza, infinita y divina, a través del « conocimiento » gnóstico, cabalístico y luciferino : « Seréis como Dios » (Gn. 3, 5). Hay que abrir los ojos de una buena vez y reconocer este hecho innegable, por más tremendo y perturbador que pueda ser: Francisco no es cristiano, sino un panteísta y evolucionista en la línea de pensamiento de un Teilhard de Chardin…

Las siguientes citas nos permiten comprobar la veracidad de esta afirmación :
« Dios es luz que ilumina las tinieblas y que aunque no las disuelva hay una chispa de esa luz divina dentro de nosotros. En la carta que le escribí recuerdo haberle dicho que aunque nuestra especie termine, no terminará la luz de Dios que en ese punto invadirá todas las almas y será todo en todos. » (cf. p. 10: https://www.aciprensa.com/entrevistapapalarepubblica.pdf)
« Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser. » (cf. p. 10: https://www.aciprensa.com/entrevistapapalarepubblica.pdf)
« [Dios] quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador» § 80
« El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal. » § 83
« Podemos decir que, ‘‘junto a la Revelación propiamente dicha, contenida en la Sagrada Escritura, se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando cae la noche’’. Prestando atención a esa manifestación, el ser humano aprende a reconocerse a sí mismo en la relación con las demás criaturas: ‘‘Yo me autoexpreso al expresar el mundo; yo exploro mi propia sacralidad al intentar descifrar la del mundo’’ ». § 85
« […] estamos llamados a ‘‘aceptar el mundo como sacramento de comunión […] Es nuestra humilde convicción que lo divino y lo humano se encuentran en el más pequeño detalle contenido en los vestidos sin costuras de la creación de Dios, hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta’’. » § 9
« Tenemos que reconocer que no siempre los cristianos hemos recogido y desarrollado las riquezas que Dios ha dado a la Iglesia, donde la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea. » § 216
« […] pero [las creaturas] avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador. » § 83
« […] todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde. » § 89
«No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. [ …] Todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad. » § 91
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Para mayor información acerca de los desafueros consuetudinarios de Francisco :

http://in-exspectatione.blogspot.fr/2015/10/blasfemoglio-cronicas-de-un-impio.html

http://www.catolicosalerta.com.ar/magisterio-de-blasfemogoglio/cronicas-de-un-impio.pdf

« Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. » (Mt. 7, 15-29)

jueves, 29 de octubre de 2015

CARTA A LOS "CONSERVADORES" PERPLEJOS

Apelación vibrante y, a su vez, ponderado diagnóstico de una crisis que ni los peores agoreros hubieran previsto hace unas décadas. Describe con no huraño verismo las condiciones en las que hoy se desenvuelve esa piedad ausente de los templos mayores, de las parroquias.Y propone algo concreto. 

Publicado originalmente en Radio Spada, al pie del texto original puede leerse la lista de los adherentes. 


Nos dirigimos a vosotros, queridos interlocutores, ahora que ha llegado el final de este Sínodo, al tiempo que contemplamos el montón humeante de escombros de la doctrina católica sobre el matrimonio. De aquel imponente edificio sobre cuyos cimientos fue edificada durante siglos la civilización cristiana, no queda casi nada. Aligerado el divorcio, archivada la indisolubilidad, entronizada en el altar del derecho canónico la subjetividad más desenfrenada, de la antigua sacralidad de la nupcias católicas no quedan sino sombras confiadas a la buena voluntad individual y relativizadas por una pastoral que ha neutralizado la doctrina. Eso sí: todo se ha consumado con la exaltación simbólica de la doctrina pero empujándola por sus espaldas al fango de una falsa pastoral.

En esta coyuntura nos ha parecido necesario escribiros, no sin cierto temor, como se escribiría a un amigo a quien se ha dejado de frecuentar hace tiempo y con quien se ha perdido la familiaridad. Vosotros sois aquellos que han intentado en las últimas décadas "salvar lo salvable", eligiendo una y otra vez siempre un "mal menor" (que coincidía gradualmente y siempre más con el mal mayor); nosotros somos aquellos que han tratado de defender el Bien mayor, con nuestras limitaciones y con las consecuencias que esto implica.

Os escribimos desde nuestros sótanos oscuros, desde nuestros cobertizos convertidos en decorosísimas capillas, desde húmedas capillas privadas de provincia; os escribimos desde nuestros barrocos bajo-escaleras honrados por la celebración de la Misa católica, por la administración de los Sacramentos y por la enseñanza de la recta doctrina.

Os escribimos agradeciendo a Dios, que nos ha concedido la gracia y la fortuna favorable de recalar en estos pequeños espacios, en donde planeamos permanecer mucho más tiempo, y movidos por amistoso espíritu de benevolencia, a pesar de la dolorosa separación teológica que a menudo ha distinguido nuestro intercambio con vosotros.

Podríamos dirigirnos al pasado, reprochando vuestras pías ilusiones, vuestras cautelas, vuestras estudiadas prudencias, incluso, a veces, vuestro calculado desprecio hacia nosotros, pero no lo haremos: preferimos reconocer vuestro dolor sincero de hoy, la perplejidad respecto de la actual aceleración de la crisis de la Iglesia, la consternación frente a los dichos y a los hechos de Bergoglio y sus acólitos.

Aníbal no está a las puertas: se encuentra dentro de la ciudadela de Dios, Aníbal está entronizado en el castillo. Lo que os pedimos, entonces, es un acto de fe y luego, por supuesto, de coraje, y al mismo tiempo un acto de reconocimiento histórico del pasado en conformidad con una eficaz y coherente "hermenéutica de la discontinuidad". El "católico conservador" ha creído posible redimensionar el alcance revolucionario y subversivo del Concilio Vaticano II, se ha acunado con las ilusiones de la Nota Praevia, ha llorado con el Credo de Paulo VI, juró sobre la Humanae Vitae, aceptó la imposición universal del Novus Ordo, abandonando a menudo la Misa romana a la custodia de unos pocos -y libres. Cuando llegó Juan Pablo II alabó su anticomunismo restaurador, contentándose con que rigiera (al menos periodísticamente) sobre la moral, mientras la vergüenza del ecumenismo y de una eclesiología destartalada y bochinchera salpicaban de escándalos el Cuerpo Místico. Más aún, con Benedicto XVI el "católico conservador" creyó haber tenido ganada la partida, mientras los sutiles y modernistas sofismas del docto bavarés, como en una falsa restauración, insinuaban nuevas etapas del curso revolucionario.

Pensamos que la medicina de la Verdad no puede separarse de la benevolencia: por eso os escribimos hoy, pidiéndoos reflexionar sobre la realidad eclesial y que elijáis el camino angosto de la afirmación de la Verdad católica toda entera, sin simulaciones y sin alteraciones. Esta elección implica una separación, una dislocación de los católicos de hoy en pequeños grupos que se esfuercen y combatan para mantener un católico y vandeano "retorno al bosque", a la espera de poder volver a las iglesias hoy ocupadas por el culto del Hombre y de sus pasiones antes que por el Culto Divino.

¡Llegó la hora de dar el paso! ¡Llegó la hora de reconocer el árbol por sus frutos! ¡Llegó la hora de decir dónde está el problema: en el Concilio Vaticano II!

Nuestras energías están disponibles, el Buen Combate nos aguarda y nosotros os esperamos a nuestro lado.

Os damos las gracias por vuestra atención.

In Christo Rege et Maria Regina.

martes, 27 de octubre de 2015

LA SINODALIDAD, A PUNTO

Pretender que «la palabra familia ya no suena más como antes del Sínodo», según atinó a decir Francisco después de pronunciar una vomitona de denuestos para con los «duros de corazón» que resisten el cambio, aparte de ser de una jactancia burda, aparte de rezumar la frase hecha, el slogan, la nonchalance intelectual que lo distingue, expresa sin disimulo la aspiración que siempre tuvo el modernismo: vaciar a las palabras de su concepto mental para, conservada la expresión, introducirles otro contenido. Es la falacia repetida regularmente desde hace décadas por uno y otro corifeo de cierta "exégesis", ámbito no por nada tan fecundo para las aventuras de los prevaricadores: no podemos pretender, después de dos mil años -dicen-, que palabras como «Reino de Dios» o «santidad» signifiquen hoy lo mismo que antaño. San Vicente de Lerins tiene un célebre adagio para responderles.

Antes que en la Iglesia, la palabra ha sido resignificada en el mundo, en la política: pensemos no más en la frecuencia con la que un gobierno notoriamente apátrida como el nuestro recurre a la palabra «patria». El complejo de inferioridad respecto del mundo, característico de la Jerarquía post-conciliar, le adjuntó a la Iglesia el ominoso tic de impartirle la bendición a cualquier cambio, incluido aquel que supone el fraude semántico. Como el cadáver del Cid, que revestido de su armadura y puesto en ancas del caballo servía a reportar nuevos triunfos sobre la morisma, así se juzgó que el cuerpo sin alma del episcopado conciliar, puesto a bendecir maquinalmente los más monstruosos desatinos del mundo, lograría el difícil cometido de hacer bogar a la Iglesia en el proceloso mar de los tiempos que corren. Porque nadie podrá discutir la paradoja de que, pese a la penicilina y a la previsión social -y pese a la fábula del evolucionismo histórico-los tiempos modernos han devuelto la problematicidad de la supervivencia a instancias quizás no vistas desde el paleolítico.

En este clima de presiones a que se ve sometida una Iglesia siempre más pródiga en sus concesiones al mundo, la Relatio finalis del Sínodo reincide en todos los vicios de la jerga conciliar, conciliadora, equidistante -si esto fuera posible- de la herejía y la ortodoxia, con ese bable ni frío ni caliente que caracteriza al magisterio escrito desde el último concilio. Lo advierte sin dificultades la misma prensa secular: «sólo una virtuosa alquimia conceptual, muy propia de la tradición vaticana, densa en equilibrios y sutilezas, permitió conciliar posturas conservadoras y reformistas a veces muy alejadas [...] Hubo un intento deliberado de redactar un texto integrador y políticamente correcto, que fuera aceptado por todos los sectores, a sabiendas que de que podría contener demasiada vaguedad y ambigüedad. Pero fue el precio a pagar por el acuerdo» (debiendo aclararse a los legos que por esa «virtuosa alquimia conceptual, muy propia de la tradición vaticana» debe entenderse la neoparla más bien propia de una tradición reciente, fundada en una ruptura con el depósito ucrónico de la Verdad para ceder al compromiso con el tiempo). De resultas, se dio la paradoja de que unos y otros (herejes contumaces y conservadores) celebraran como propia una victoria exigua cuando, de hecho, el Sínodo no ha sido sino un jalón más en la ya interminable pasión de la Iglesia.

Porque aunque no se aprobaran por escrito las bienaventuranzas de la pederastia -como era de temer en vista de la efebofilia de tanto perito sinodal- ni se instara al menos a elevar a la poligamia a sacramento, lo cierto es que se sometió a discusión lo indiscutible, lográndose concertar en un recinto común los defensores de la remanente moral católica con sus opugnadores para tener que escuchar, entre otras historias ofrecidas como edificantes, la de un niño sacrílego que trozó la hostia consagrada en el momento de recibirla en comunión para dársela a comer a su padre y su madre, separados en nueva unión. Y aunque Kasper y sus mil demonios no lograran hacer consagrar por escrito una fórmula visiblemente herética, en el Sínodo debió escucharse a un prelado que pedía a la Iglesia que, pese a la voluntad de su Divino Fundador respecto de la institución conyugal, imitara la misericordia de Moisés, que concedió el libelo de repudio; y a otro, invitado especialmente por Francisco, alegar sin rubor que aunque quienes comulgan «sean divorciados vueltos a casar, homosexuales, esposas de hogares polígamos… son hermanos y hermanas de Jesús, por lo tanto son nuestra familia, [pues] la Eucaristía es el alimento de aquellos que están en camino para formar el Cuerpo de Cristo». Acierta en esto Francisco con lo de las nuevas resonancias que habría adquirido la palabra «familia» en esta turbia sazón.

Por lo demás, y como fue oportunamente notado en otro lugar, la decisión de delegar en cada obispo la potestad de decidir «caso por caso» en lo relativo al acceso a los sacramentos de parte de los amancebados supone un triunfo del más rancio espíritu farisaico, casuista, espigador moroso de los detalles, pese a la clamorosa interdicción que Francisco lanza de continuo contra aquellos a quienes califica como «fariseos». Y que acá, como en la cacareada «sinodalidad», que es el nuevo nombre de la herejía conciliarista condenada en el V Concilio de Letrán y en la Auctorem fidei, de Pío VI (con insistencia en la «conversión del papado», ya apuntada en la Evangelii gaudium, o en la autoridad doctrinal concedida a las Conferencias episcopales, mamarracheada en la Laudato Si'), se acaba por herir eficazmente al pastor, con el resultado inevitable de la dispersión de las ovejas, es decir: el fin de la catolicidad o universalidad, de la unidad en la fe, que depende de Pedro como de su regla próxima. Estaríamos en la demencial situación en la que el primado se ejercería despóticamente para disolver su autoridad, tal como desde el comienzo de este pontificado lo previó De Mattei, confirmando, según el programa de los ideólogos comprometidos en la obra, «el pasaje de una visión jurídica de la Iglesia, basada en el criterio de jurisdicción, a una concepción sacramental, basada en la idea de comunión», que haría del papado «un primado de "honor" o de "amor", pero no de gobierno y de jurisdicción de la Iglesia».

Quizás ésta -más que el finiquito de la enseñanza moral católica acerca de la familia- sea la perla del Sínodo. O, para mejor decir, quizás esté por instrumentalizarse esta vera y propia herejía, que servirá de motor a todas las otras aún en suspenso, contrabandeadas por la inestimable pericia de los obispos juramentados al nuevo credo. Francisco habrá logrado plasmar una Iglesia -si Dios no lo detiene- a imagen de aquel pollo descabezado que causó furor en los años cincuenta del pasado siglo, alimentado por el esófago y con su cabeza flotando en un frasco de formol, para hacer las delicias del público.





Un espectáculo del que se gloriaría la moderna profanidad, enemiga insoluble de la constitución pétrea, firme, de la Iglesia, cuyo lastimoso sucedáneo, guillotinado motu proprio, subsistirá gracias al favor de los césares, dadores del maíz con leche a trueque del infamante show.

Es de esperar que, antes de que se verifique semejante desafuero, haya al menos tres o cuatro cardenales que lancen el ansiado anatema contra Bergoglio, y la Iglesia Católica, ya sin los templos pero con la fe, se vea purificada y libre de toda la escoria que gravó su misión específica por estas décadas.


sábado, 24 de octubre de 2015

LA PALABRA «FAMILIA»



«Para todos nosotros la palabra «familia» ya no suena más como antes del Sínodo». 
(Del discurso conclusivo de Francisco, saturado de sofismas que pueden leerse aquí)


miércoles, 21 de octubre de 2015

PARA LA VERGÜENZA SINODAL

Como una perla en el fango lució en el sínodo la intervención de una ignota médica rumana, cuyo discurso completo puede leerse aquí. Reproducimos la espléndida glosa que le puso Cesare Baronio, de feliz reaparición en la blogósfera.


«La misión de la Iglesia es salvar almas. En este mundo el mal proviene del pecado. No de la disparidad de ingresos ni del “cambio climático”.»

El 17 de octubre intervino en el Sínodo de los Obispos la doctora Anca Maria Cernea, católica rumana y presidenta de la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest.

Quedé muy impresionado por sus palabras. Palabras claras, límpidas, animadas por una fe sólida y por una gran caridad. La doctora Cernea habló de la persecución comunista, del testimonio heroico de los pastores durante el régimen bolchevique, de la fidelidad del pueblo católico. Citó nada menos que a Nuestra Señora de Fátima, recordando que Ella había anunciado que Rusia esparciría sus errores por el mundo:

Se hizo primero de forma violenta, con el marxismo clásico, matando a decenas de millones de personas. Ahora se hace mediante el marxismo cultural. Hay una continuidad, desde la revolución sexual leninista, a través de Gramsci y de la Escuela de Frankfurt, hasta la actual ideología de los derechos homosexuales y de género. El marxismo clásico pretendía rediseñar la sociedad adueñándose por medios violentos de la propiedad. Ahora la revolución va más lejos: pretende redefinir la familia, la identidad sexual y la naturaleza humana.
Esta ideología se hace llamar progresista, pero no es otra cosa que la tentación de la serpiente antigua para que el hombre se haga el amo, reemplace a Dios y organice la salvación en este mundo. Es un error de naturaleza religiosa; es gnosticismo. Los pastores tienen la misión de reconocerlo y de alertar al rebaño de este peligro. “Buscad, pues, primero el Reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura” (Mt 6, 33)
Las palabras de esta médica católica, de esta dama de fe irreprensible, suenan como una severa advertencia para los Padres Sinodales. Son una acusación, serena pero no por esto menos grave, de las vergonzosas complicidades de gran parte del Episcopado -y de la Curia Romana- con el espíritu del siglo.
Ahora necesitamos que Roma le diga al mundo: “Arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, porque el Reino de los Cielos está cerca”.
Vosotros, los pastores de la grey del Señor: ¿no os sentís avergonzados por esta apremiante apelación? ¿No os avergonzáis de vuestros silencios, de las aperturas al mundo? No pensáis, vosotros que sois tan solícitos hacia los enemigos de Cristo y tan burlones para con los fieles católicos, que sobre vosotros pesa una responsabilidad pesadísima, y que tendréis que rendir cuentas al Supremo Pastor por haberos comportado como mercenarios infieles, es más: por haber abandonado el rebaño confiado a vosotros como presa para los lobos rapaces?

Os llenáis la boca con palabras vacías que agradan a los enemigos de Cristo; calláis la verdad de la que sois custodios y osáis difundir el error, tomando por escudo a un concilio que habéis plasmado a vuestro uso y consumo; os citáis el uno al otro, guardándoos bien de repetir las enseñanzas de Nuestro Señor y de Su santa Esposa. Habláis de misericordia para legitimar los vicios ajenos y vuestra pereza. Habláis de colegialidad y sinodalidad porque no tenéis ni el valor ni el temple para gobernar sabiamente, prefiriendo delegar responsabilidades en las decisiones de una mayoría fantasmal. Reserváis vuestras invectivas a los buenos cristianos, acusándolos de hipocresía, mientras os mostráis condescendientes hacia los malvados y los emisarios del demonio. Traicionáis a la Iglesia, en cuyo seno habéis sido criados y a la cual habéis jurado fidelidad, mientras os complicáis en las peores prostituciones. Vosotros humilláis vuestro Orden Sagrado y la persona de Cristo, inclinándoos ante los ministros de las sectas y de las idolatrías; negáis la divinidad del Salvador delante de aquellos que Lo han crucificado; os hacéis amigos de Caifás y de Pilato por puro cálculo mundano, por cobardía, por connivencia.

Imagino que muchos de vosotros os habéis compadecido de esta pobre, ingenua médica rumana. Viene del Este, pobrecita: tiene todavía la cabeza llena de todas esas ideas retrógradas a lo Cardenal Mindszenty. Cree también en las profecías de Fátima, la ingenua. ¡Y habla de comunismo! Parece haber vuelto a los años cincuenta.

Ya: vosotros sois superiores. Vosotros os habéis deshecho de los oropeles pacellianos y de todo el guardarropas católico. Con las insignias que despreciáis, habéis tirado por la borda también la fe y las buenas costumbres. Por otro lado, vuestro ídolo Montini, mientras Pío XII ayudaba a los obispos detrás de la Cortina de Hierro, mandaba las listas de los misioneros a los servicios secretos comunistas, que regularmente los encarcelaban, los torturaban, los mataban. Y mientras los simples católicos sufrían la persecución bajo un régimen odioso, vuestro Roncalli hablaba de distensión, no condenaba a nadie, a excepción de los profetas de desventuras. Y se cuidaba bien de no revelar aquel Tercer Secreto, que sólo recientemente habéis alterado torpemente, falsificándolo y despachando una versión edulcorada como si fuera auténtica. Mientras los sacerdotes y los Obispos morían como mártires, vosotros manteníais relaciones con sus perseguidores.

La señora Cernea habla de arrepentimiento y de conversión: ¡la miserable! Veo en vuestros rostros un guiño de suficiencia y compasión, mientras os amigáis entre vosotros. Dejémosla hablar, pobrecita. Hagámosle ver que nosotros les concedemos voz a todos, desde el niño sacrílego que da la comunión al padre divorciado, a la beata con la manía de los comunistas. Quién sabe las caras que habrán hecho Kasper, o Danneels, o Forte. Kasper, aquel que trata a los obispos africanos como a negros ignorantes: ellos no deben decirnos lo que tenemos que hacer. Sólo porque no aceptan que denigréis la Verdad Católica con la aprobación de los pervertidos. Y luego vuestro Bergoglio, que se va a Cuba a tener audiencia con Fidel Castro, y cuando le preguntan por qué no se se ha encontrado con los católicos perseguidos por el régimen, finge no saber nada: «¿por qué? ¿Hay perseguidos en Cuba?»

¿No os avergonzáis, vosotros pastores, de aquello en lo que os habéis convertido? ¿No os remuerde la conciencia, si alguna vez os detenéis para considerar vuestra conducta? ¿Cómo podéis acercaros a la Confesión y a la Comunión, cómo podéis celebrar el Santo Sacrificio pensando en el Juicio de Dios que se cierne, tremendo, sobre vosotros?

Y vosotros, prelados medrosos, que os mimetizáis en la masa amoratada o purpurada de vuestros hermanos; vosotros que querríais hablar pero no os atrevéis, porque teméis por vuestra carrera o no queréis haceros condenar al ostracismo por la Conferencia Episcopal o por la Curia Romana: ¿no pensáis en la eternidad que os espera? ¿Creéis que el silencio de un Pastor de almas tenga las mismas consecuencias que aquel de un simple fiel? Qui autem negaverit me coram hominibus, negabo et ego coram Padre meo qui in caelis est. ¿Qué clase de testigos de Cristo sois, si lo negáis a diario con vuestra cobardía? Numquid et tu ex discipulis ejus es? Y vosotros negáis: non sum. Nescio quid dicis. Pensad en la brevedad de esta vida, y en el destino eterno que os espera: tenéis la responsabilidad por la salvación de vuestra alma y por la de los fieles que os han sido confiados, y Dios os va a pedir cuentas. Jota unum, aut unus apex non praeteribit.

¿No os queman las palabras de esta mujer? ¿No querríais tener el coraje de poneros de pie en medio del aula sinodal y decir con fiereza esas palabras? ¿No sois capaces de dejar a un lado las citas del Concilio, las fórmulas odiosas y equívocas propias de sindicalistas, y afirmar en voz alta: arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, porque el Reino de los Cielos está cerca? ¿No tenéis fe en la gracia de estado? ¿Pensáis que no hay legiones de ángeles dispuestos a asistiros y a protegeros? ¿Que la Virgen y los santos no interceden ante el trono de Dios con mayor determinación por vosotros, Obispos y sacerdotes, que sois Ministros de Cristo en la tierra?

¿Creéis acaso ser Obispos sólo para haceros saludar en las plazas como los sumos sacerdotes, para ser invitados a las inauguraciones y a las conferencias, para ser llamados Excelencia aunque hurtéis con indisimulado orgullo la mano al beso del anillo? Cristo os ha hecho pastores para que lo sigáis por el camino real del Calvario: non est servus major domino suo. ¿Esperáis merecer el Paraíso -si es que todavía creéis en él- al compás de encuentros ecuménicos y de visitas a la sinagoga? ¿Pensáis salvar el alma sólo porque os hacéis filmar por las cámaras mientras besáis los pies de los convictos o usáis zapatos deshechos? ¿No creéis que ese hábito descuidado y anónimo que lleváis, lejos de presentaros como a personas sencillas, humilla la dignidad sagrada del Señor del que sois indignísimos siervos, mientras exalta vuestro ego?

Escuchad las palabras de una simple fiel, de una laica, de una mujer: en esas simples palabras se contiene una verdad que vosotros habéis olvidado o que culpablemente no sabéis más proclamar. Emplead las palabras del Evangelio, no las del Concilio, quod autem his abundantius est.

Os conjuro, por las Llagas de Cristo: convertíos, confesad vuestras culpas, enmendaos y haced penitencia. Sed orgullosos del Sello Sacramental que adorna vuestras manos y vuestra frente: os toca a vosotros hacerlo resplandecer como una diadema real o hacer de él un tizón inextinguible para vuestro tormento eterno.

lunes, 19 de octubre de 2015

BLASFEMOGLIO: CRÓNICAS DE UN IMPÍO

por Alejandro Sosa Laprida

[Nota: agradecemos al autor el ofrecernos esta abrumadora colección de desafueros verbales, suficientes a despejar cualquier duda respecto de la fe que anima a Francisco. Puede consultárselo en formato PDF aquí mismo.]
                                                                           
Francisco recibiendo el crucifijo marxista de manos del presidente boliviano Evo Morales

Estos últimos tiempos han sido prolíficos de acontecimientos en el Vaticano. Tan abundantes han sido que resulta imposible dar cuenta de todos, incluso limitándonos  a repasar los más relevantes. Es por ello que dirigiremos la mirada a un número muy restringido, pero suficientemente elocuente de la línea subversiva adoptada por Francisco desde su llegada a la Casa Santa Marta. Comenzaremos por su gira sudamericana : 24 000 km y 22 discursos durante 8 días en el mes de julio. 

El grito de los revolucionarios, eco del « grito de Jesús » en la Ultima Cena
Durante su homilía[1] en Quito, Ecuador, Francisco trazó un extraño paralelo entre la última Cena y la independencia de los países americanos respecto a España :
« Me imagino ese susurro de Jesús en la última Cena como un grito en esta misa que celebramos en el Parque Bicentenario. Imaginémoslos juntos. El Bicentenario de aquel Grito de Independencia de Hispanoamérica. Ése fue un grito, nacido de la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, ‘‘sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno’’. Quisiera que hoy los dos gritos concorden bajo el hermoso desafío de la evangelización. […] Y la evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utopías. Claro que sí. »
Poner las santas palabras de Nuestro Señor con ocasión de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio de la Nueva Alianza junto a los gritos de revuelta de los amotinados sudamericanos contra la corona española, inspirados por los ideales revolucionarios de 1789, no puede ser calificado sino de blasfematorio, ya que es poner a Cristo al servicio de la Revolución, es colocar la redención del pecado y la salvación eterna al nivel de una falsa emancipación política de inspiración masónica y anticristiana.
La víspera, durante su homilía en Guayaquil[2], Francisco había evocado el Sínodo de la familia que tendrá lugar en octubre próximo, preparando los ánimos a lo que allí debería producirse : la integración sacramental de los adúlteros y de los sodomitas :
 « Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar. Los invito a intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro (como el agua de las tinajas), nos escandalice o nos espante, Dios -haciéndolo pasar por su ‘‘hora’’- lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro. […] Tened paciencia, tened esperanza, haced como María, rezad, actuad, abrid el corazón, porque el mejor de los vinos va a venir. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas. »
Se percibe claramente la blasfemia que consiste en invocar a Nuestro Señor para legitimar su proyecto sacrílego, llevando la insolencia al punto de dar como ejemplo en vistas a obtener su abominable « milagro » la actitud confiante que tuvo la SantísimaVirgen María en Caná, cuando a instancia suya Jesús realizó su primer milagro, iniciando así su vida pública.

La Biblia al servicio de la revolución de los « pueblos originarios »
Françisco  pronunció luego un discurso[3] a los muy marxistas Movimientos Populares, en Bolivia, dirigiéndoles un mensaje notoriamente revolucionario, apelando a los « derechos sagrados del pueblo », a las preocupaciones ecológicas y a la instauración de un gobierno mundial capacitado para operar el tan anhelado cambio de « estructuras » :  
« Dios permite que hoy nos veamos otra vez. La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de ustedes: las famosas “tres T”: tierra, techo y trabajo, para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.  […] Si esto es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra, como decía san Francisco. Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir a esta globalización de la exclusión y de la indiferencia. »
Sus palabras son dignas de un orador trotskista pronunciando una arenga en un mitín destinado a preparar la insurrección civil :
 « ¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido, si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador, que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío, cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para sus problemas? Pueden hacer mucho. Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las “tres T”. ¿De acuerdo? Trabajo, techo y tierra. Y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!».
Tras haber explicado que el futuro de la humanidad está manos de los trabajadores, algo que Marx y Engels no pondrían en entredicho, Francisco buscó involucrar a la Iglesia en el proceso revolucionario, y como de costumbre, destacó la figura de María como arquetipo y ejemplo a seguir por el pueblo en camino hacia la emancipación, « muchacha humilde » de las periferias, signo de esperanza para los pueblos que « sufren dolores de parto » a la espera del Gran Día en el que reinará la « justicia ». Cuesta dar crédito a lo que uno lee, sin embargo éstas fueron las palabras del « Santo Padre » :
 « […] nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero, si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar. La Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio. Muchos sacerdotes y agentes pastorales cumplen una enorme tarea acompañando y promoviendo a los excluidos de todo el mundo, junto a cooperativas, impulsando emprendimientos, construyendo viviendas, trabajando abnegadamente en los campos de salud, el deporte y la educación. Estoy convencido que la colaboración respetuosa con los movimientos populares puede potenciar estos esfuerzos y fortalecer los procesos de cambio. Y tengamos siempre en el corazón a la Virgen María, una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura. María es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. »
Francisco nos explicó luego que los pueblos escriben la historia y que el objetivo de la historia de la humanidad es puramente mundano, « vivir bien », instaurando una economía que satisfaga las necesidades de todos y que sea respetuosa de la naturaleza…
 « […] no es tan fácil definir el contenido del cambio –podría decirse–, el programa social que refleje este proyecto de fraternidad y justicia que esperamos; no es fácil de definirlo. En ese sentido, no esperen de este Papa una receta. Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio de la interpretación de la realidad social ni la propuesta de soluciones a problemas contemporáneos. Me atrevería a decir que no existe una receta. La historia la construyen las generaciones que se suceden en el marco de pueblos que marchan buscando su propio camino y respetando los valores que Dios puso en el corazón. […] una economía donde el ser humano, en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social. Ustedes, y también otros pueblos, resumen este anhelo de una manera simple y bella: “vivir bien” […]. Esta economía no es sólo deseable y necesaria sino también es posible. »
Respeto de las « tradiciones religiosas » y de los « derechos humanos », alusión a los peligros del « colonialismo » y beneficios de la « cultura del encuentro » no podían ser soslayadas en ese discurso « pontifical » con visos de manifiesto revolucionario :
 « Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil. Quieren que su cultura, su idioma, sus procesos sociales y tradiciones religiosas sean respetados. Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia, porque ‘‘la paz se funda no sólo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en los derechos de los pueblos particularmente el derecho a la independencia’’ […] Digamos “no”, entonces, a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos “sí” al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz. »

La Iglesia y España difamadas : Francisco hace suya la Leyenda Negra
Vino luego un vergonzo y lamentable gesto de « arrepentimiento » pronunciado en nombre de « la Iglesia », actitud típicamente conciliar y utilizada hasta el hartazgo, por los « muchos y graves pecados » cometidos contra los « pueblos originarios », llegando a pedir de un modo blasfematorio que la Iglesia se ponga de rodillas y pida perdón por « sus ofensas » y por aquellas cometidas por España durante la conquista : de este modo Francisco hizo suya la leyenda negra fabricada de cabo a rabo por los enemigos jurados de la Iglesia y de la España católica, los protestantes, los « filósofos » y los masones…
 «Y aquí quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que, cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia. Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM, el Consejo Episcopal Latinoamericano, y también quiero decirlo. Al igual que san Juan Pablo II, pido que la Iglesia ‘‘se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos’’. Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América. »
Luego nos enteraríamos de cual es actualmente la tarea más urgente para Francisco. Uno podría haber imaginado que hablaría del combate indispensable contra el aborto, la pornografía o el « matrimonio » homosexual, entre tantísimas otras abominaciones consideradas como « derechos » en la muy decadente sociedad contemporánea : en vez de eso, el « Soberano Pontífice » nos explicó que la prioridad de nuestro tiempo radica en luchar por la « Madre Tierra », asegurándonos que descuidar la defensa de nuestra « casa común » constituiría un « grave pecado »…
 « Y la tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender a la Madre Tierra. La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un pecado grave. Vemos con decepción creciente cómo se suceden una tras otras las cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los pueblos y sus movimientos están llamados a clamar a movilizarse, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra. »

Niega los milagros de Jesús y los pone al servicio de la ideología igualitaria
Francisco siguió utilizando el Evangelio en beneficio de la revolución en la homilía[4] que dió en Santa Cruz de la Sierra, refiriéndose al milagro de la multiplicación de los panes. Según él, Jesús lo habría hecho con la finalidad de « no excluir a nadie », y es precisamente en eso en que el milagro habría consistido : la « lógica del descarte » cedió ante la « lógica de comunión ».
En definitiva : Francisco no sólo defiende la recepción sacrílega de la Eucaristía para quienes actualmente están excluídos (adúlteros, concubinos, sodomitas, etc.) sino que, además, niega el caracter milagroso de la multiplicación, trocada en un gesto de solidaridad, en una mera toma de conciencia comunitaria y antidiscriminatoria…
« Es una invitación que resuena con fuerza para nosotros hoy: “No es necesario excluir a nadie. No es necesario que nadie se vaya, basta de descartes, denles ustedes de comer”. Jesús nos lo sigue diciendo en esta plaza. Sí, basta de descartes, denles ustedes de comer. La mirada de Jesús no acepta una lógica, una mirada que siempre “corta el hilo” por el más débil, por el más necesitado. Tomando “la posta” Él mismo nos da el ejemplo, nos muestra el camino. Una actitud en tres palabras, toma un poco de pan y unos peces, los bendice, los parte y entrega para que los discípulos lo compartan con los demás. Y éste es el camino del milagro. Ciertamente no es magia o idolatría. Jesús, por medio de estas tres acciones, logra transformar una lógica del descarte en una lógica de comunión, en una lógica de comunidad. »
Conviene hacer notar que el cuestionamiento de los milagros de Jesús se ha vuelto un hábito en Francisco, verdaderamente odioso y execrable, quien no vacila en calificarlos de « magia », los cuales, según la extraña lógica bergogliana, conducirían a la « idolatría » de Jesús :
 « Jesús se fía totalmente del Padre celestial, sabe que para Él todo es posible. Por ello dice a los discípulos que hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta -esto no es casual, porque significa que ya no son una multitud, sino que se convierten en comunidad, nutrida por el pan de Dios. Luego toma los panes y los peces, eleva los ojos al cielo, pronuncia la bendición -es clara la referencia a la Eucaristía-, los parte y comienza a darlos a los discípulos, y los discípulos los distribuyen... los panes y los peces no se acaban, ¡no se acaban! He aquí el milagro: más que una multiplicación es un compartir, animado por la fe y la oración. Comieron todos y sobró: es el signo de Jesús, pan de Dios para la humanidad[5]. »
« Respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron. Como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no. No, no, simplemente es tal la grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que, si queremos, lo que tenemos no se acaba. Mucha confianza en esto[6]. »
« Jesús razona según la lógica de Dios, que es la de compartir. Cuántas veces nosotros miramos hacia otra parte para no ver a los hermanos necesitados. Y este mirar hacia otra parte es un modo educado de decir, con guante blanco, ‘‘arreglaos solos’’. Y esto no es de Jesús: esto es egoísmo. Si hubiese despedido a la multitud, muchas personas hubiesen quedado sin comer. En cambio, esos pocos panes y peces, compartidos y bendecidos por Dios, fueron suficientes para todos. ¡Y atención! No es magia, es un ‘‘signo’’: un signo que invita a tener fe en Dios, Padre providente, quien no hace faltar ‘‘nuestro pan de cada día’’, si nosotros sabemos compartirlo como hermanos[7]. »
La negación del caracter milagroso de la multiplicación de los panes, que Francisco designa con el calificativo blasfematorio de « magia », lleva implícita la negación de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, la cual sería para él un acto de « idolatría »…

Francisco acepta los crucifijos marxistas del comunista Evo Morales…
Francisco recibió de manos del presidente boliviano Evo Morales un crucifijo en forma de hoz y martillo, al igual que la condecoración Padre Luis Espinal, insignia honorífica ofrecida por el Congreso boliviano, sobre la cual también figura el crucifijo blasfematorio concebido por el jesuita partidario de la revolución marxista, a cuya tumba Francisco acudió para rendirle homenaje como a un mártir, para recordarlo como a « un hermano nuestro, víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia. El P. Espinal predicó el Evangelio y ese Evangelio molestó y por eso lo eliminaron. […] Que el Señor tenga en su gloria al P. Luis Espinal que predicó el Evangelio, ese Evangelio que nos trae la libertad, que nos hace libres[8]
Sobre el crucifijo comunista de Espinal, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Padre Lombardi, afirmó que el autor había querido « representar el diálogo con quienes luchan por la justicia de una manera que sobrepasa las fronteras de la iglesia[9]. »
Francisco dijo que el regalo no le había chocado y explicó que Espinal « era un entusiasta de este análisis marxista de la realidad, y también de la teología, usando el marxismo. De ahí surgió esta obra. También las poesías de Espinal son de ese género protesta: era su vida, era su pensamiento, era un hombre especial, con tanta genialidad humana, y que luchaba de buena fe. Haciendo una hermenéutica del género, entiendo esta obra. Para mí no ha sido una ofensa[10]
Es decir que Francisco no sólo justificó la toma de posición ideológica de Espinal, así como su obra sacrílega, calificada de « arte contestatario », una « crítica del cristianismo que hizo alianza con el imperialismo », en vez de designarla con su verdadero nombre de « arte blasfematorio », sino que además la elogió, afirmando que el « teólogo de la liberación » y « mártir » de la revolución comunista Espinal luchaba « de buena fe », que « predicaba el Evangelio » y que su escultura es una expresión de « genialidad humana ».

¡y los ofrece a la Virgen de Copacabana!
Pero desgraciadamente el asunto no habría de terminar allí. Francisco visitó luego el santuario de Nuestra Señora de Copacabana, la Santa Patrona de Bolivia, para ofrecerle las distinciones recibidas del presidente Morales. He aquí la alocución que dirigió con motivo de la ofrenda qui hizo a María de las dos condecoraciones, incluída la medalla ornada con el famoso crucifijo comunista del Padre Espinal :
 « El Señor Presidente de la Nación en un gesto de calidez ha tenido la delicadeza de ofrecerme dos condecoraciones en nombre del pueblo boliviano. Agradezco el cariño del pueblo boliviano y agradezco esta fineza, esta delicadeza del Señor Presidente y quisiera dejar estas dos condecoraciones a la Patrona de Bolivia, a la Madre de esta noble Nación para que Ella se acuerde siempre de su pueblo y también desde Bolivia, desde su Santuario, donde quisiera que estuvieran […] Recibe como obsequio del corazón de Bolivia y de mi afecto filial los símbolos del cariño y de la cercanía que -en nombre del Pueblo boliviano- me ha entregado con afecto cordial y generoso el Señor Presidente Evo Morales Ayma, en ocasión de este Viaje Apostólico, que he confiado a tu solicita intercesión. Te ruego que estos reconocimientos, que dejo aquí en Bolivia a tus pies, y que recuerdan la nobleza del vuelo del Condor en los cielos de los Andes y el conmemorado sacrificio del Padre Luis Espinal, S.I., sean emblemas del amor perenne y de la perseverante gratitud del Pueblo boliviano a tu solicita y fuerte ternura[11]
Recapitulemos : Francisco aceptó un obsequio y una distinción en los que el Santo Cuerpo de Jesús era profanado de un modo sacrílego y blasfematorio, agradeció al comunista Evo Morales que se los había entregado,  justificó el « arte contestatario » del jesuita apóstata Espinal, « artista » del cual efectuó un encendido elogio, calificándolo de « mártir del Evangelio ». Por último, como frutilla del postre, decidió obsequiar la abominable medalla a la Madre de Cristo como un emblema del « amor que le tiene el pueblo boliviano ». En lo que atañe al crucifijo marxista, del cual dijo que no lo había escandalizado en absoluto, Francisco explicó a los periodistas que se lo quedaría, llevándoselo consigo a Roma.

María según Francisco : una rebelde a causa del sufrimiento
Cuando uno podría haber pensado que ya era más que suficiente en materia de impiedad para un solo viaje, Francisco agravaría todavía más sus afrentas, ensañándose diabólicamente con la Santísima Virgen María. En efecto, visiblemente insatisfecho de haberla ultrajado atrozmente al hacerle entrega, en guisa de pérfida ofrenda, de su Divino Hijo crucificado de nuevo por un religioso apóstata sobre la hoz y el martillo comunistas, Francisco aprovechó una nueva visita a un santuario marial sudamericano, esta vez el de Nuestra Señora de Caacupé, en Paraguay, para hacer gala una vez más de sus dotes blasfematorias contra María, lugar trillado del pseudo magisterio bergogliano.
En efecto, ésta es, como mínimo, la tercera vez que Francisco se regodea difamando a la Madre de Dios desde que se instaló en el Vaticano. He aquí sus dichos :
 « Siguiendo la profecía de Simeón nos hará bien repasar brevemente tres momentos difíciles en la vida de María. 1. El nacimiento de Jesús. «No había un lugar para ellos» (Lc 2,7). No tenían una casa, una habitación para recibir a su hijo. No había espacio para que pudiera dar a luz. Tampoco familia cercana: estaban solos. El único lugar disponible era una cueva de animales. Y en su memoria seguramente resonaban las palabras del Ángel: ‘‘Alégrate María, el Señor está contigo’’. Y Ella podría haberse preguntado: ‘‘¿Dónde está ahora?’’.     2. La huida a Egipto. Tuvieron que irse, exiliarse. Ahí no solo no tenían un espacio, ni familia, sino que incluso sus vidas corrían peligro. Tuvieron que marcharse a tierra extranjera. Fueron migrantes perseguidos por la codicia y la avaricia del emperador. Y ahí ella también podría haberse preguntado: ‘‘¿Y dónde está lo que me dijo el Ángel?’’. 3. La muerte en la cruz. No debe existir una situación más difícil para una madre que acompañar la muerte de su hijo. Son momentos desgarradores. Ahí vemos a María, al pie de la cruz, como toda madre, firme, sin abandonar, acompañando a su Hijo hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz. Y allí también podría haberse preguntado: ‘‘¿Dónde está lo que me dijo el Ángel?’’[12]. »
Francisco dio a entender que, ante el sufrimiento de ver a su Hijo en la Cruz, la Virgen habría dudado de la promesa que Dios le había hecho en la Anunciación a través del Angel Gabriel. Es entonces cuando ella habría pecado contra la fe y, al no consentir libremente el sacrificio de Jesús, no habría participado en su obra redentora. Peor aún, habría blasfemado, acusando a Dios de haberla engañado :
 « Ella estaba silenciosa, pero en su corazón, ¡cuántas cosas le decía al Señor! ¡Tú, aquel día, me dijiste que sería grande ; me dijiste que le darías el trono de David, su padre, que reinaría para siempre y ahora lo veo aquí! ¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡Me han engañado![13] »
De acuerdo con Francisco, esta actitud de María se debería al hecho de que no hay respuesta al sufrimiento, lo que habría provocado su revuelta al pie de la Cruz :
 « Tantas veces pienso en la Virgen, cuando le han dado el cuerpo muerto de su Hijo, todo herido, escupido, ensangrentado, sucio. ¿Y qué hizo la Madre? ‘‘¿Llévatelo?’’. No, lo abrazó, lo acarició. Tampoco la Virgen comprendía. Porque, en aquel momento, se acordaría de lo que el Ángel le había dicho: Será Rey, será grande, será profeta, y dentro de sí, con aquel cuerpo -tan herido, que había sufrido tanto antes de morir- en sus brazos, por dentro seguramente tendría ganas de decir al Ángel: ‘‘¡Mentiroso! Me has engañado’’. »
Esta idea no es solamente falsa, contraria a la revelación divina, sino también lisa y llanamente blasfematoria, ya que es de fe que María consintió el sacrificio redentor de su Hijo, nuevo Adán, desde el instante de la Anunciación. Ella no ignoraba los sufrimientos que su consentimiento libre y lúcido a la obra redentora de Jesús le acarrearía, los que le habían sido anunciados cuando la presentación del niño Jesús en el Templo : 
« Simeón los bendijo y dijo a su madre María: He aquí que este Niño ha sido puesto para caída y elevación de muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón, a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. » (Lc. 2, 34-35).
Francisco desarrolló esa idea, completamente extranjera al cristianismo, en ese mismo discurso :
 « Hay también una pregunta cuya explicación no se aprende en la catequesis. Es la pregunta que tantas veces me he hecho, y tantos de ustedes, tanta gente se la hace: ‘‘¿Por qué sufren los niños?’’. Y no hay explicación. (…) No sé qué cosa más decir, de verdad, porque estas cosas me impresionan tanto. Tampoco yo tengo respuesta. ‘‘Pero es el Papa, ¡debe saberlo todo!’’. No, no hay respuesta para estas cosas (…). »

Francisco a los niños : no hay respuesta para el sufrimiento
Verdadero leitmotiv de la « enseñanza » bergogliana, he aquí otros ejemplos, esta vez dirigiéndose a niños que lo interrogan acerca del sufrimiento :
 « Esta pregunta es una de las más difíciles de responder. ¡No hay respuesta! Hubo un gran escritor ruso, Dostoyevski, que había planteado la misma pregunta: ¿por qué sufren los niños? Sólo se puede elevar los ojos al cielo y esperar respuestas que no se encuentran. No hay respuesta para esto, Rafael[14]. »
« La mujer es capaz de hacer preguntas que los hombres no terminamos de entender. Presten ustedes atención. Ella hoy ha hecho la única pregunta que no tiene respuesta. […] La gran pregunta: ¿Por qué sufren los niños?[15] »
 « Ella fue la única que hizo la pregunta que no se puede responder : “¿Por qué sufren los niños?”[16]
Decir a niños que no hay respuesta para su sufrimiento, que el mal es absurdo y gratuito, equivale a decirles que Dios es cómplice de su dolor puesto que, a pesar de su omnipotencia, no hace nada para impedirlo. El mensaje es cristalino : se hace a Dios responsable de su dolor ya que El rehúsa socorrerlos. En definitiva, Dios sería indiferente al sufrimiento humano, lo que lo vuelve odioso, cruel y malvado. Las palabras de Francisco son la negación tácita de la amorosa obra redentora de Nuestro Señor, así como de la misión por El atribuida a la Iglesia, su Cuerpo Místico, de perpetuar su obra salvadora a la espera de su segunda venida.
Ese mensaje, para colmo viniendo de quien supuestamente es el Vicario de Jesucristo en la tierra, es sencillamente inconcebible. Criminal. Y, para decirlo sin rodeos, lisa y llanamente diabólico…

Jesús, a ejemplo de María, se rebeló y blasfemó contra su Padre
Francisco ha hecho de la blasfemia una especialidad de su « magisterio », al punto de insinuar que, como María, Jesús también se habría rebelado contra Dios durante su Pasión, y que entonces El habría blasfemado contra su Padre :
 « Jesús, cuando se lamenta -‘‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’’ - ¿blasfema? El misterio es éste. Tantas veces yo he escuchado a personas que están viviendo situaciones difíciles, dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solas y abandonadas y vienen a lamentarse y hacen estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué? Se rebelan contra Dios. Y yo digo: ‘‘Sigue rezando así, porque también ésta es una oración’’. Era una oración cuando Jesús dijo a su Padre: ‘‘¡Por qué me has abandonado!’’[17]. »
     De acuerdo a Francisco, entonces, Jesús y María se rebelaron contra Dios. Y, abrumados por el sufrimiento, blasfemaron. No obstante, se trató de una auténtica plegaria de su parte, naturalmente. A punto tal que alienta a la gente que sufre a que siga el ejemplo de Jesús y de María, rebelándose ellos también contra Dios, blasfemando ellos también contra Dios, ese ser cruel y malvado a quien resulta indiferente el dolor humano, gratuito e incomprensible…
    Así, ateniéndonos a la versión bergogliana de la Pasión, en el preciso momento en el cual nuestro Divino Salvador realizaba la Redención del género humano a través del sacrificio voluntario de su vida sobre el altar de la Cruz, habría blasfemado contra su Padre, rebelándose contra su designio salvífico. Al mismo tiempo, al pie de la Cruz, Nuestra Señora, en lugar de asociarse lúcida y libremente al sacrificio redentor de su divino Hijo, también habría blasfemado contra la voluntad de Dios, considerádose engañada por la promesa que le había hecho el Angel, al cual ella habría tachado de « mentiroso » :
« El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin. » (Lc. 1, 32-33)
   De esta manera, el momento central de la historia de la Salvación se transforma, en el inaudito relato bergogliano, en una acción de rebeldía contra Dios. Por lo tanto, el nuevo Adán y la nueva Eva no se distinguirían fundamentalmente de nuestros primeros padres, quienes obraron bajo el influjo del Demonio en el Paraíso cuando cometieron la falta original. La Redención no habría pues diferido substancialmente de la Caída, puesto que la revuelta contra la voluntad divina habría sido el común denominador, y, por consiguiente, Satán se encontraría en el orígen de ambas.
Semejante insinuación, impía y sencillamente demencial, salida de la boca del supuesto Soberano Pontífice, es algo que produce escalofríos y que, a decir verdad, resulta lisa y llanamente aterrador…

La bula Misericordiae Vultus : la abolición del pecado por la falsa misericordia
En el mes de abril Francisco decretó por la bula Misericordiae Vultus[18] un Jubileo Extraordinario de la Misericordia, un Año Santo que se abrirá el 8 de diciembre, fecha en la cual será festejado el quincuagésimo aniversario de la clausura del CVII, poco después del cierre del Sínodo de Obispos sobre la familia, que finalizará el 25 de octubre. Vemos pues que este Año Santo se inscribe en la conmemoración del CVII dado que, según Francisco :
« […] La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia. Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. »
Las « murallas » que custodiaban la fe habiendo sido « derribadas » por un concilio que pretendió revestir un caracter « pastoral », Francisco se propone ahora derribar las que todavía protegen la moral, utilizando como herramienta para ejecutar su proyecto subversivo el Sínodo de Obispos para la familia del próximo mes de octubre, igualmente convocado con una finalidad de orden « pastoral », obviamente.
Recordemos algunos hechos susceptibles de ilustrar la manera muy peculiar en la que Francisco entiende la « misericordia » :
1. El famoso « quién soy yo para juzgar » las personas « gay ». 2. La llamada telefónica « privada » a una mujer « casada » con un divorciado, a la cual aconsejó que fuese a recibir los sacramentos a otra parroquia. 3. La llamada a la « mujer » transexual española que le había escrito quejándose de la « discriminación » de la que era objeto en su parroquia y a la cual Francisco invitó a venir a verlo en audiencia « privada », en compañía de su « novia », y … ¡a expensas del Vaticano! 4. El lavamiento de los pies de otra « mujer » transexual el último Jueves Santo, a la cual además se dió la Comunión.
Por otro lado, Francisco no busca disimular su pensamiento en lo que atañe a la moral cristiana, afirmando que « no podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. (…) Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente[19]. »
Mostrando desembozadamente cual es el espíritu que animará el Jubileo de la Misericordia Francisco evoca en su bula
« las palabras cargadas de significado que san Juan XXIII pronunció en la apertura del Concilio para indicar el camino a seguir: ‘‘En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad … La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad católica, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella’’. En el mismo horizonte se colocaba también el beato Pablo VI quien, en la Conclusión del Concilio, se expresaba de esta manera: ‘‘Queremos más bien notar cómo la religión de nuestro Concilio ha sido principalmente la caridad … La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio … Una corriente de afecto y admiración se ha volcado del Concilio hacia el mundo moderno. Ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que la verdad, pero, para las personas, sólo invitación, respeto y amor. El Concilio ha enviado al mundo contemporáneo en lugar de deprimentes diagnósticos, remedios alentadores, en vez de funestos presagios, mensajes de esperanza: sus valores no sólo han sido respetados sino honrados, sostenidos sus incesantes esfuerzos, sus aspiraciones, purificadas y bendecidas … Otra cosa debemos destacar aún: toda esta riqueza doctrinal se vuelca en una única dirección: servir al hombre. Al hombre en todas sus condiciones, en todas sus debilidades, en todas sus necesidades’’. »

La Iglesia de Francisco, « herida » en las « periferias existenciales »
Luego Francisco nos invita a hacer la experiencia de las « periferias existenciales » y a descubrir el gusto por la « novedad »:
« En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. […] No caigamos en la indiferencia que humilla, en la rutina que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. »
Pero como ya lo había explicado en la apertura del Sínodo de Obispos de 2014, la Iglesia debe dejarse impregnar por el « olor de los hombres » de nuestra época :
« Para buscar lo que hoy el Señor pide a su Iglesia tenemos que escuchar los latidos de este tiempo y percibir el 'olor' de los hombres de hoy, hasta quedarnos impregnados de sus alegrías y esperanzas, de sus tristezas y angustias. A este punto sabremos proponer con credibilidad la buena noticia sobre la familia[20]. »
La Iglesia soñada por Francisco se conforma al mundo, se deja modelar según sus « valores » y sus « aspiraciones », en vez de buscar convertirlo al Señor.
Tras haber derrumbado las « murallas de la ciudadela », ahora se trata de que la Iglesia salga a la calle para respirar el « olor de los hombres », aun a riesgo de ser « herida », pero nunca más de que caiga « enferma » de « autorreferencialidad », no es asunto de encerrarse en sus propias « certezas » ni de parapetarse detrás de los dogmas del pasado, de abrigar la pretensión de que sus propias « ideas » sean « únicas y absolutas », sino tan sólo una « opinión al servicio de las personas », renunciando para siempre al « proselitismo » y a « inmiscuirse » en la vida espiritual de la gente…
 « Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autorreferencialidad, prefiero sin duda la primera[21]. »
« El mundo ha cambiado y la Iglesia no puede encerrarse en supuestas interpretaciones del dogma. Tenemos que acercarnos a los conflictos sociales, a los nuevos y a los viejos, y tratar de dar una mano de consuelo, no de estigmatización […][22]. »
« La religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas, pero Dios nos ha creado libres: la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible[23]. »
« Este buscar y encontrar a Dios en todas las cosas deja siempre un margen a la incertidumbre. Debe dejarlo. Si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien[24]. »
« El proselitismo es una solemne necedad, no tiene sentido. Es necesario conocerse, escucharse y hacer que el conocimiento del mundo que nos rodea crezca. […] Esto es lo importante, conocerse, escuchar, ampliar el marco de los pensamientos[25]. »
« Nuestro objetivo no es el proselitismo sino la escucha de las necesidades, de los deseos, de las desilusiones, de la desesperación, de la esperanza[26]. »

La falsa misericordia de Francisco al servicio de la religión mundialista
Este Año Santo de la Misericordia será puesto al servicio no solamente de la demolición de lo que todavía queda en pie de la moral familiar y sacramental, sino también de la construcción programada de la religión mundial sincretista, integrando todas las « nobles tradiciones religiosas », cuyas bases han sido sentadas por el concilio, en particular por los documentos Nostra Aetate y Unitatis Redintegratio :
« La misericordia posee un valor que sobrepasa los confines de la Iglesia. Ella nos relaciona con el judaísmo y el islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios. Israel primero que todo recibió esta revelación, que permanece en la historia como el comienzo de una riqueza inconmensurable de ofrecer a la entera humanidad. […] El islam, por su parte, entre los nombres que le atribuye al Creador está el de Misericordioso y Clemente. Esta invocación aparece con frecuencia en los labios de los fieles musulmanes, que se sienten acompañados y sostenidos por la misericordia en su cotidiana debilidad. También ellos creen que nadie puede limitar la misericordia divina porque sus puertas están siempre abiertas. Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación. »

Francisco a los valdenses : perdonen a la Iglesia por su inhumanidad
Con ocasión de su visita al templo valdense de Turín en junio pasado, Francisco asimiló la legítima diversidad de los carismas en el interior de la Iglesia a la « diversidad » que caracteriza las incontables sectas heréticas, sin dejar de humillar nuevamente a la Iglesia pidiendo perdón a los valdenses por el « trato inhumano » del que habrían sido objeto de su parte. Decididamente, en la óptica bergogliana, la Iglesia anterior al CVII es culpable de todas las fechorías imaginables y no le queda más que una cosa por hacer ante el mundo : humillarse delante de sus enemigos e implorar su perdón…
 « La unidad, que es fruto del Espíritu Santo, no significa uniformidad. En efecto, los hermanos están unidos por un mismo origen, pero no son idénticos entre sí. Esto es muy claro en el Nuevo Testamento, donde, aun siendo llamados hermanos todos los que comparten la misma fe en Jesucristo, se intuye que no todas las comunidades cristianas, de las que eran parte, tenían el mismo estilo, ni una idéntica organización interna. Incluso dentro de la misma pequeña comunidad se podían vislumbrar diversos carismas (cf. 1 Cor 12-14) y hasta en el anuncio del Evangelio había diversidad y a veces contrastes (cf. Hch 15, 36-40). Por desgracia, ha sucedido y sigue sucediendo que los hermanos no aceptan su diversidad y terminan por hacerse la guerra unos con otros. Al reflexionar sobre la historia de nuestras relaciones, no podemos dejar de entristecernos por las disputas y la violencia cometida en nombre de la propia fe, y pido al Señor que nos conceda la gracia de reconocernos todos pecadores y saber perdonarnos unos a otros. Por iniciativa de Dios, que nunca se resigna al pecado del hombre, se abren nuevos caminos para vivir nuestra fraternidad, y no podemos apartarnos de esto. En nombre de la Iglesia católica, os pido perdón. Os pido perdón por las actitudes y los comportamientos no cristianos, incluso inhumanos, que en la historia hemos tenido contra vosotros. En nombre del Señor Jesucristo, ¡perdonadnos![27] »

Confesión a los pastores evangélicos : tal vez sea un hereje
El 24 de mayo última Francisco envió un mensaje filmado[28] a la jornada ecuménica organizada por la diócesis de Phoenix (USA) conjuntamente con evangélicos pentecostales. En dicho video afirmó que el ecumenismo « de sangre » es una manifestación de la unidad de los cristianos, sin consideración de su « pertenencia eclesial ». Esto no es nuevo : se trata, cuando menos, de la décima vez que lo dice[29]. Lo que sí resulta novedoso, en cambio, es que reconoció que probablemente había dicho una « herejía »…
Ese reconocimiento, sin embargo, no le impidió sostenerla públicamente, haciendo de ella un argumento en favor de la eclesiología novadora de los documentos conciliares Lumen Gentium y Unitatis Redintegratio, según la cual la Iglesia católica no se identificaría con la Iglesia fundada por Jesucristo, y en cuyo seno se hallarían, aunque en grados diversos, una multitud de otras « iglesias » y « comunidades eclesiales », incluso si rehúsan someterse a la autoridad del sucesor de San Pedro y si rechazan el magisterio de la Iglesia Católica.
El hecho inédito de que Francisco reconozca que sus palabras sean probablemente heréticas y que, no obstante ello, persista en reivindicarlas de manera pública y sistemática me parece constituir un indicio cierto de que nos vemos confrontados a un caso de herejía formal, puesto que, obrando de este modo, demuestra que se separa de la enseñanza de la Iglesia con conocimiento de causa, desdeñando olímpicamente la auténtica doctrina de la Iglesia en la materia…
 « Hoy reunidos, yo desde Roma y ustedes allí, pediremos para que el Padre envíe el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, y nos de la gracia de que todos sean uno, “para que el mundo crea”. Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé. Pero hay alguien que ‘sabe’ que, pese a las diferencias, somos uno. Y es el que nos persigue. El que persigue hoy día a los cristianos, el que nos unge con el martirio, sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le interesa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos, apostólicos…¡no le interesa! Son cristianos. Y esa sangre se junta. Hoy estamos viviendo, queridos hermanos, el “ecumenismo de la sangre”. Esto nos tiene que animar a hacer lo que estamos haciendo hoy: orar, hablar entre nosotros, acortar distancias, hermanarnos cada vez más. Yo estoy convencido de que la unidad entre nosotros no la van a hacer los teólogos. […] Los teólogos nos ayudan, la ciencia de los teólogos nos va a ayudar, pero si esperamos que los teólogos se pongan de acuerdo, la unidad recién se va a lograr al día siguiente del día del Juicio Final[30]. »
Su indiferencia hacia la verdad es patente : Francisco da muestras de un soberano desprecio por las definiciones magisteriales en relación a la pertenencia a la Iglesia. Para él, la unidad de la Iglesia (la cual, por cierto, ya existe : es la unidad de la fe, nota esencial de la Iglesia católica, única Iglesia fundada por Jesucristo) se plasmará solamente a través del « diálogo » y de la « cultura del encuentro », que nos permitirán superar las « disputas doctrinales » insolubles, el Espíritu Santo operando por su lado la « unidad en la diversidad » y « armonizando las diferencias »…
Esta noción completamente herética de una « unidad en la diversidad » doctrinal es un lugar común del « magisterio » bergogliano. A modo de ejemplo, veamos lo que dijo al « pastor » Giovanni Traettino cuando lo visitó en su « templo » pentecostal de Caserta, en el sur de Italia, en julio de 2014, quien, dicho sea de paso, también se hallaba presente en la reunión ecuménica organizada en Phoenix :
« ¿Qué hace el Espíritu Santo? He dicho que hace otra cosa, que se puede pensar tal vez que sea la división, pero no lo es. El Espíritu Santo construye la ‘‘diversidad’’ en la Iglesia (I Corintios 12). Él construye la diversidad. Y verdaderamente esta diversidad es muy rica, muy hermosa. Pero luego el Espíritu Santo mismo construye la unidad, y así la Iglesia es una en la diversidad. Y, para usar una hermosa palabra de un evangélico que yo quiero mucho, una ‘‘diversidad reconciliada’’ por el Espíritu Santo. Él hace ambas cosas: produce la diversidad de los carismas y luego construye la armonía de los carismas. Por ello los primeros teólogos de la Iglesia, los primeros padres decían: ‘‘El Espíritu Santo, Él es la armonía’’, porque Él construye esta unidad armónica en la diversidad[31]. »

 « Unificar » la Iglesia por la « globalización » y el « poliedro »
Francisco utilizó argumentos cuando menos sorprendentes para explicar a los pentecostales que la unidad de la Iglesia no reside en la unidad de la fe, sino que debe inspirarse de la unidad implementada por la « globalización », al igual que de la figura del « poliedro », en el cual no todos los puntos son equidistantes del centro, lo que hace que se encuentren « unidos en la diversidad » :
« Estamos en la época de la globalización, y pensamos en lo que es la globalización y en lo que sería la unidad en la Iglesia: ¿tal vez una esfera, donde todos los puntos son equidistantes desde el centro, todos iguales? ¡No! Esto es uniformidad. Y el Espíritu Santo no construye uniformidad. ¿Qué figura podemos encontrar? Pensemos en el poliedro: el poliedro es una unidad, pero con todas las partes distintas; cada una tiene su peculiaridad, su carisma. Esta es la unidad en la diversidad. Es por este camino que nosotros cristianos realizamos lo que llamamos con el nombre teológico de ecumenismo: tratamos de que esta diversidad esté más armonizada por el Espíritu Santo y se convierta en unidad; tratamos de caminar en la presencia de Dios para ser irreprensibles; tratamos de ir a buscar el alimento que necesitamos para encontrar al hermano. Este es nuestro camino, esta es nuestra belleza cristiana. Me refiero a lo que mi amado hermano dijo al inicio. »
La unidad preconizada por Francisco es el resultado de una construcción humana, de un consenso surgido del « diálogo » y del « encuentro » entre interlocutores que poseen convicciones religiosas diferentes y divergencias teológicas insuperables. Por supuesto, para despistar a los incautos, Francisco explica que esta obra unificadora es el fruto de la acción del « Espíritu Santo », el cual se encarga de « armonizar la diversidad » para que se convierta en « unidad » : salta a la vista que semejante proyecto se sitúa en las antípodas de la doctrina católica…
Y resulta sencillamente inexplicable, humanamente hablando, que tamaño despropósito no sea percibido inmediatamente por la inmensa mayoría del clero, raya con el misterio que una contradicción tan flagrante con el magisterio eclesial no pueda ser identificada de manera automática, cuando no se requiere para ello una particular erudición teológica, sino simplemente los rudimentos del catecismo y el sensus fidei, por no decir un mínimo de lógica y del más elemental sentido común. Como incomprensible resulta el hecho de que quienes lo perciben no alcen enérgicamente la voz expresando su rechazo absoluto y su oposición irreductible a lo que no puede designarse más que como una herejía manifiesta y una apostasía en regla de la fe católica…

La « eco-encíclica » Laudato Si’ : del cuidado por la Madre Tierra al Gobierno Mundial
En su « encíclica » Laudato Si’[32] Francisco hace suya una doble impostura científica : la del calentamiento climático y la de su presumida causalidad humana. El documento se fundamenta así en datos científicamente discutibles, y discutidos de hecho, lo que le quita de raíz su razón de ser. Y si a eso se añade la objeción capital de que los asuntos de orden científico no integran el objeto de la competencia magisterial, el caracter absurdo que reviste este texto se hace evidente.
Pero hay algo peor todavía que una temática ilegítima acompañada por un presupuesto erróneo que vicia todo el discurso a la base : no hace falta ser un gran hermeneuta para comprender que la cuestión climática no es más que un pretexto en pos de una doble finalidad totalmente extranjera a la tan declamada « protección del medio ambiente ».
Dichos objetivos son los siguientes : 1. Acelerar la constitución de un gobierno mundial encargado de hacer aplicar a escala global las medidas que supuestamente se necesitan para « salvar el planeta ». 2. Continuar la adulteración del cristianismo desde el interior, en vistas a integrarlo a las otras « nobles tradiciones religiosas » en el seno de una religión universal, parodia monstruosa del catolicismo.
Instauración del mundialismo político y religioso: he aquí el objetivo real que persigue este documento siniestro, so pretexto del malicioso sofisma de « cuidar la casa común » amenazada de destrucción por la actividad humana…
En un momento en el cual la humanidad ha abandonado totalmente a Dios y en el cual el mal se ha vuelto la regla moral universal (aborto, eutanasia, « industria » pornográfica, « matrimonio » homosexual, etc.), Francisco decide que la prioridad de nuestro tiempo debe ser dada a la preservación del medio ambiente y a la lucha contra el presunto cambio climático.
Esa decisión pone de relieve la falsa religión que encarna Francisco, ya que, disimulado bajo la apariencia de un vocabulario vagamente cristiano, nos propone una religión vaciada de su contenido, naturalista e inmanente, indiferente a la salvación de las almas rescatadas por la sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz…
Habría tanto que decir para desenmascarar todas las patrañas y las manipulaciones empleadas por Francisco para embaucar a la gente en su « encíclica » que haría falta un extenso estudio para tratarlas convenientemente… Pero como esto no es posible en el ámbito restringido de este artículo, nos vemos obligados a destacar solamente algunos pasajes emblemáticos, acompañados de breves comentarios.
Señalemos para empezar que ninguna de las 172 notas de pie de página pertenece al magisterio anterior al CVII y que 21 están extraídas de documentos de conferencias episcopales diversas, las cuales están desprovistas de toda autoridad magisterial.
Figuran igualmente, entre otras, ocho citas de la programática « Exhortación Apostólica »  Evangelii Gaudium, seis del « Patriarca » cismático Bartolomé y del teólogo modernista Romano Guardini, dos del manifiesto panteísta y evolucionista Carta de la Tierra  y, finalmente, una de la mundialista Declaración de Río, del filósofo protestante Paul Ricœur, de un « maestro espiritual » sufi (!!!) y del jesuita panteísta Pierre Teilhard de Chardin. Este es mencionado sólo una vez, pero su panteísmo evolucionista impregna todo el texto y constituye sin lugar a dudas la principal fuente de inspiración del documento.

La religión de Francisco : el panteísmo evolucionista de Teilhard en versión ecológica 
« […] estamos llamados a aceptar el mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo en una escala global. » § 9
« […] Si bien el cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las acciones humanas le imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución biológica. » § 18
Francisco profesa, además de un panteísmo naturalista que no se atreve a avanzar a cara descubierta, la doctrina evolucionista erigida en certeza científica, como buen discípulo que es del charlatán y falsificador Pierre Teilhard de Chardin.
« Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. » § 23
Francisco pretende basar su « enseñanza » sobre un pretendido « consenso científico », para colmo inexistente ; y aun si esto fuera cierto, en nada tocaría la fe y la moral católicas y de ningún modo constituiría ni el fundamento ni el objeto de un documento del magisterio eclesial.
 « La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan. » § 23
Hablando como un auténtico gurú eco-mundialista, Francisco se presenta como el portavoz del catastrofismo ambientalista que busca culpar a la humanidad del presunto calentamiento global.
 « Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. » § 53
Francisco aboga por el destino del planeta y de los miserables, invitando a la humanidad a tomar « otro rumbo », de corte naturalista, y que, ostensiblemente, no es el de la conversión a Dios ni el de la renuncia al pecado, sino el de la « protección » de nuestra « hermana tierra ».
Nuevo rumbo que diverge fundamentalmente del que nos indica la Iglesia, única Arca de Salvación dada por Dios al mundo, ya que para Francisco todas las « convicciones creyentes », parte integrante de la « riqueza de las religiones », están capacitadas para conducir el género humano hacia su « pleno desarrollo », al margen de la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo :
 « ¿Por qué incluir en este documento, dirigido a todas las personas de buena voluntad, un capítulo referido a convicciones creyentes? No ignoro que, en el campo de la política y del pensamiento, algunos rechazan con fuerza la idea de un Creador, o la consideran irrelevante, hasta el punto de relegar al ámbito de lo irracional la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para un desarrollo pleno de la humanidad. » § 62

Los « papas » conciliares, artesanos del gobierno mundial
« Desde mediados del siglo pasado, y superando muchas dificultades, se ha ido afirmando la tendencia a concebir el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita una casa de todos. Un mundo interdependiente no significa únicamente entender que las consecuencias perjudiciales de los estilos de vida, producción y consumo afectan a todos, sino principalmente procurar que las soluciones se propongan desde una perspectiva global y no sólo en defensa de los intereses de algunos países. La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común. » § 164
« Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia » § 53
En resumidas cuentas : a los efectos de volver coercitivo el proyecto mundialista, auténtico cosmopolitismo apátrida al servicio de la República Universal onusina, so capa de « cuidado ecológico » de la « madre tierra », nuestra « casa común », se requiere un gobierno planetario capaz de imponer esta utopía totalitaria a los recalcitrantes…
Ese propósito es aún más explícito en el pasaje siguiente en el que Francisco cita a Benedicto XVI, quien por su parte hace otro tanto con Juan XXIII, probando palmariamente, por si quedasen dudas, la continuidad del proyecto mundialista masónico de todos sus predecesores desde el CVII :
 « La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. Necesitamos una reacción global más responsable, que implica encarar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regiones pobres. […] Como afirmaba Benedicto XVI en la línea ya desarrollada por la doctrina social de la Iglesia : ‘‘para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, [san] Juan XXIII’’. » § 175
Autoridad política mundial bajo la tutela de la ONU, cuyo designio de sociedad secularizada, humanista y naturalista se sitúa en las antípodas del reino social de Nuestro Señor, y el cual, en última instancia, sólo puede conducir a la aparición del gobierno universal del Anticristo...

El « dios » gnóstico de Francisco
Impregnado de gnosis hegeliana, Francisco concibe el acto creador como el paso de la indeterminación divina hacia sus determinaciones finitas, lo cual hace que el ser pueda recibir un contenido, en un proceso de ascención dialéctica por la cual lo creado toma conciencia de su divinidad originaria, el saber absoluto por el cual « Dios » alcanza a « expresarse » en el hombre, acto que supone el término de la historia, el equivalente del « Punto Omega » teilhardiano, el « Cristo Cósmico » hacia el cual se dirige el universo a través de su proceso evolutivo.
 « El ser humano, si bien supone también procesos evolutivos, implica una novedad no explicable plenamente por la evolución de otros sistemas abiertos. » § 81
La creación ex nihilo de Adán y Eva debe ser considerada como un « error de interpretación » de las Escrituras :
 « Si es verdad que algunas veces los cristianos hemos interpretado incorrectamente las Escrituras, hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas. » § 67
Y debe darse cabida a la Odisea del Espíritu, que actúa como telón de fondo en la transformación de las especies y del universo en su conjunto hacia la toma de conciencia de « Dios » en la humanidad. Obsérvese de paso la negación tácita de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, quien habría alcanzado la « plenitud divina » solamente con su Resurrección :
Para esta gnosis panteísta, la naturaleza y el hombre son sagrados. Y éste último toma conciencia de su verdadera naturaleza sacra « descifrando la del mundo », las cuales realidades sagradas constituyen una « manifestación divina »…
 « Podemos decir que, ‘‘junto a la Revelación propiamente dicha, contenida en la Sagrada Escritura, se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando cae la noche’’. Prestando atención a esa manifestación, el ser humano aprende a reconocerse a sí mismo en la relación con las demás criaturas: ‘‘Yo me autoexpreso al expresar el mundo; yo exploro mi propia sacralidad al intentar descifrar la del mundo’’». § 85
Hallamos el mismo panteísmo naturalista en los pasajes siguientes :
 « […] estamos llamados a ‘‘aceptar el mundo como sacramento de comunión […] Es nuestra humilde convicción que lo divino y lo humano se encuentran en el más pequeño detalle contenido en los vestidos sin costuras de la creación de Dios, hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta’’. » § 9
« Tenemos que reconocer que no siempre los cristianos hemos recogido y desarrollado las riquezas que Dios ha dado a la Iglesia, donde la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea. » § 216
« […] pero [las creaturas] avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador. » § 83
« […] todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde. » § 89
« No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. [ …] Todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad. » § 91
En la cita siguiente Francisco expresa su indiferentismo religioso colocando el cristianismo a la par de las otras « religiones », capaces según él de proporcionar un « significado » al ser humano y de ayudarlo a avanzar :
« Quiero recordar que ‘‘los textos religiosos clásicos pueden ofrecer un significado para todas las épocas, tienen una fuerza motivadora que abre siempre nuevos horizontes […] ¿Es razonable y culto relegarlos a la oscuridad, sólo por haber surgido en el contexto de una creencia religiosa? ’’ » § 199
Luego Francisco evoca la Carta de la Tierra, documento naturalista y panteísta, a fin de que la humanidad busque emprender « un nuevo comienzo », una suerte de nueva alianza invertida, entre el hombre y la naturaleza, en la que Nuestro Señor brilla por su ausencia.
Para no perder de vista el caracter inverosímil de estas palabras debe tenerse en cuenta que quien habla es nada menos que el supuesto Vicario de Jesucristo en la tierra :
 « La Carta de la Tierra nos invitaba a todos a dejar atrás una etapa de autodestrucción y a comenzar de nuevo, pero todavía no hemos desarrollado una conciencia universal que lo haga posible. Por eso me atrevo a proponer nuevamente aquel precioso desafío: ‘‘Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo […] Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida”. » § 207

Jesús y María al servicio del mundialismo ecológico
« Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz. Desde el inicio del mundo, pero de modo peculiar a partir de la encarnación, el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural, sin por ello afectar su autonomía. » § 99
Francisco hace alarde de su panteísmo cósmico pronunciando palabras blasfematorias contra el Santo Sacrificio de la Misa, celebrado sobre el « altar del mundo », y contra la Santa Eucaristía, presentada como una « fuente de motivación » ecológica :
 « Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: ‘‘¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo’’. La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, ‘‘la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo’’. Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado. » § 236
Pero la audacia de Francisco no se detiene allí : movido por un compulsivo frenesí sacrílego, no vacila en incluir a la Santísima Virgen María en su perversa impostura ambientalista :
 « María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano. » § 241

La humanidad necesita una « conversión ecológica»
El punto culminante de la insensatez llegaría cuando Francisco hizo una caricatura de la conversión cristiana, movimiento por el cual el hombre se aparta del pecado para volverse hacia Jesucristo, explicando que estamos llamados a efectuar una « conversión ecológica », y haciendo de esta parodia grotesca del cristianismo un elemento esencial del Evangelio :
« Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. […] Necesitamos una solidaridad universal nueva. » § 14
« Si ‘‘los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores’’, la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior. […] [A los cristianos] les hace falta entonces una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia      cristiana. » § 217
Ante tales declaraciones, que adulteran el cristianismo, metamorfoseándolo monstruosamente en una gnosis al servicio del mundialismo anticrístico, uno queda pasmado por la falta de lucidez y de reacción de parte de la inmensa mayoría del mundo católico…
Francisco prosiguió luego su muy penosa arenga ecolo-luciferina insistiendo con la doctrina panteísta de su impío maestro, el jesuita apóstata Teilhard de Chardin :
Imperturbable, el Soberano Blasfemador del Vaticano continuó su diatriba sacrílega afirmando que también la renovación incruenta del Sacrificio del Calvario incluye una finalidad ecológica, al « sanar » nuestras relaciones con el « mundo ». Es más, Blasfemoglio I no dudó en equiparar la Santa Misa con el Sabbat de los judíos talmúdicos, quienes rechazan a Nuestro Señor Jesucristo, al cual consideran un impostor merecidamente ajusticiado :
 « El domingo, la participación en la Eucaristía tiene una importancia especial. Ese día, así como el sábado judío, se ofrece como día de la sanación de las relaciones del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo. » § 237

Francisco, « soberano pontífice » de la religión mundialista
A guisa de conclusión de su « magisterio ecológico », Francisco propuso dos plegarias diferentes, una para uso de los « cristianos », la otra destinada a los « monoteístas »…
He aquí la « oración no cristiana » (!!!) elaborada por Francisco, en la cual silenció los santos nombres de las Tres Personas Divinas al igual que el de Nuestro Señor Jesucristo, y por la cual se constituye en candidato natural para el « supremo pontificado » de la religión mundialista y ecuménica en gestación, falsificación diabólica y adulteración monstruosa del catolicismo :
 « Después de esta prolongada reflexión, gozosa y dramática a la vez, propongo dos oraciones, una que podamos compartir todos los que creemos en un Dios creador omnipotente, y otra para que los cristianos sepamos asumir los compromisos con la creación que nos plantea el Evangelio de Jesús. Oración por nuestra tierra : Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz. » § 246

La « buena onda » es la « oración laica » de Francisco 
« Que Dios los bendiga y recen por mi, no se olviden. Y si alguno no puede rezar porque no cree o porque su conciencia no se lo permite, ¡mándeme buena onda ![34] »
Si alguno « no puede » rezar, porque su conciencia « no se lo permite », ¡no importa! Basta con enviar « buena onda » a modo de « oración » al Ser Supremo y a la Madre Tierra, quienes se encargarán de transmitirlas a Francisco, siempre deseoso de recibir las « oraciones » de los herejes, las « bendiciones » de los cismáticos y ahora también, créase o no, ¡las good vibrations de parte de los ateos! Pues ha de saberse que la buena onda  de aquellos que rechazan a Dios opera mágicamente sobre él, al margen de la economía de la salvación, sustrayéndose de modo misterioso a la universalidad de la Providencia Divina…
No creer en Dios, o bien negarse a rendirle el culto que le es debido porque la « conciencia no se lo permite » a uno, no son sino detalles sin mayor importancia para este hombre de una insensatez a toda prueba y cuyo pasatiempo principal parecería ser el de blasfemar sin solución de continuidad, adentrándose cada día más en el pestilente lodazal del escándalo y de la impiedad, en el que manifiestamente se desenvuelve como pez en el agua…

Los peores males del mundo actual según Francisco
«- ¿Cuáles son los peores males que aquejan al mundo hoy? - Pobreza, corrupción, trata de personas... Me puedo equivocar en la estadística, pero qué me decís si te pregunto ¿qué ítem viene en gasto en el mundo después de alimentación, vestido y medicina? El cuarto son los cosméticos y el quinto las mascotas. Es grave eso, eh. El cuidado de las mascotas es como el amor un poco programado, es decir, yo puedo programar la respuesta amorosa de un perro o de una gatita, y ya no necesito tener la experiencia de un amor de reciprocidad humana. Estoy exagerando, que no se tome textual, pero es para preocuparse[35]»

No es la omnipresencia de la pornografía, ni el satánico « derecho » al aborto, ni el abominable « matrimonio » de los sodomitas (por no citar más que esas tres « conquistas » del mundo « moderno ») que constituyen los mayores flagelos de la sociedad contemporánea : Francisco nos asegura, impertérrito, que se trata más bien, entre otros, del desempleo y del apego a los animales domésticos…
 El pecado, la violación de la ley divina, los escándalos que conducen a una multitud de almas al infierno carecen de relevancia para este hombre cuya visión naturalista e inmanente de la « salvación » reemplaza la visión beatífica y la vida eterna por el bienestar y la resolución de la « cuestión social »…
 Como dijo a Eugenio Scalfari en la famosa entrevista de octubre de 2013 publicada en La Repubblica, ilustrando acabadamente su concepción laica y naturalista de la vida humana, « los males más graves que afligen al mundo hoy son el desempleo de los jóvenes y la soledad en la que son abandonados los ancianos[36]»

Para Francisco la verdad no existe
Lo único que cuenta para Francisco es fomentar la « cultura del encuentro », luchar contra el « calentamiento climático », incursionar en las « periferias existenciales » y convertir la Iglesia en un « hospital de campaña ». Enseñar la doctrina católica en materia de fe y de moral es algo que le resulta completamente extranjero, ya que no cree ni en la verdad absoluta ni en una moral inmutable :
 « No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable[37]. »
« Dialogar no significa renunciar a sus propias ideas y tradiciones, pero sí a la pretensión de que sean únicas y absolutas[38]. »
Hablemos sin rodeos : este hombre no es católico. Así de simple. Y considero de la mayor importancia que esta tremenda verdad sea proclamada de manera clara y enérgica por el mayor número posible de católicos. Por otro lado, él nos ha facilitado la tarea : recordemos que al menos tuvo la franqueza de afirmar el hecho públicamente, poco tiempo después de su elección :
«Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios[39]. »
Si Bergoglio no hubiera pronunciado más que esa frase escandalosa, y no la lista interminable de enormidades que tiene en su haber y que no deja de aumentar día tras día, ella bastaría para comprender la gravedad de la situación en la que nos encontramos. No darse cuenta de esto a la primera lectura de semejante blasfemia sólo puede explicarse por la ignorancia o por la ceguera voluntaria. Y ésta última, a su vez, puede obedecer a dos motivos diferentes : la mala fe, propia de los traidores, o el miedo, propio de los tibios y los pusilánimes…
Retomando el hilo y concluyendo : es un hecho innegable que la verdad religiosa no reviste la menor importancia para Francisco ; en cambio, es igualmente cierto que ella constituye un obstáculo insalvable para la construcción de la nueva sociedad humanista y ecuménica con la que sueña, basada en el « diálogo » y en la « cultura del encuentro », una vez que la pobreza y las « injusticias sociales » hayan sido definitivamente erradicadas de un planeta al fin librado de la amenaza del « cambio climático » y salvado de la « catástrofe ambiental » hacia la que se dirigiría inexorablemente si no se produjese la « conversión ecológica » a la que tan fervientemente nos invita…
En caso de que alguien hallase mi juicio demasiado severo, me permito citar sus propias palabras, las que disipan toda duda que pudiera caber al respecto :
« Si un niño recibe su educación de los católicos, protestantes, ortodoxos o judíos, eso no me interesa. A mí lo que me interesa es que lo eduquen y le quiten el hambre[40]. »

Los católicos confrontados al misterio de iniquidad
A la vista de las declaraciones heterodoxas y de los gestos escandalosos efectuados sin cesar por Francisco desde el mismísimo día de su elección, se hace cada vez más difícil pasar por alto la profecía de San Juan acerca del Falso Profeta, aquel cuya misión consistirá en preparar el terreno al Anticristo, poniendo a su servicio una falsificación de la verdadera religión :

« Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. » (Ap. 13, 11)

                                                              Según Francisco, « no existe un Dios católico »


¿Qué hacer ante este hombre, cuyo caracter herético y blasfematorio es manifiesto para todo aquel que tenga ojos para ver y oídos para oír? ¿Qué actitud deben adoptar los cristianos frente a alguien que hace objetivamente el juego a los enemigos de la Iglesia? ¿Cómo reaccionar ante quien se comporta como un esmerado siervo de Satanás y un notorio precursor del Anticristo?

La respuesta me parece evidente : todo católico que se precie tiene el deber de combatirlo y de denunciarlo públicamente, dado que públicos son sus escándalos y sus ataques contra la fe y la moral católicas, y porque lo que está en juego es nada menos que el honor de Dios, la defensa de la fe y la salvación de las almas.

Tengamos presente la enseñanza que nos da al respecto San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia : « Los enemigos declarados de Dios y de la Iglesia deben ser atacados y censurados con toda la fuerza posible. La caridad obliga a gritar ‘¡al lobo!’ cuando un lobo se ha introducido en medio del rebaño y aun en cualquier lugar en que se lo encuentre. »

Refugiémonos en el Corazón Inmaculado de María, nuestra Santa Madre del Cielo, e imploremos sin cesar a Nuestro Señor para que se digne guiarnos, protegernos e iluminarnos en esta hora en la que el Poder de las Tinieblas hace alarde de su arrogancia infernal en un mundo que le está enteramente sometido y que se regodea de su vil supremacía celebrando su efímero triunfo, a la espera de la Gloriosa Parusía de Jesucristo, nuestro Divino Maestro y nuestro Adorable Redentor.

Entonces podremos exultar y exclamar, junto a todos los Angeles y Santos del Cielo, en una tierra renovada y bajo un cielo nuevo, en la ciudad santa de Dios en la que moraremos :
« Regocijémonos y alegrémonos, y démosle gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha engalanado. » (Ap. 19, 7)
 « Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: ‘‘He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y El morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.’’ » (Ap. 21, 1-4)
Terminado el día 15 de agosto de 2015, en la fiesta de la gloriosa Asunción al Cielo de la Santísima Virgen María.




[9] http://www.zenit.org/fr/articles/bolivie-la-croix-sculptee-dans-un-marteau-sur-une-faucille-explications                                                                                                
[33] Nota n° 53 : « En esta perspectiva se sitúa la aportación del P. Teilhard de Chardin ». Monitum de la Sagrada Congregación del Santo Oficio (30/6/1962) : « Varias obras del P. Pierre Teilhard de Chardin, algunas de las cuales fueron publicadas en forma póstuma, están  siendo editadas y están obteniendo mucha difusión. Prescindiendo de un juicio sobre aquellos puntos que conciernen a las ciencias positivas, es suficientemente claro que las obras arriba mencionadas abundan en tales ambigüedades e incluso errores serios, que ofenden a la doctrina católica. Por esta razón, los eminentísimos y reverendísimos Padres del Santo Oficio exhortan a todos los Ordinarios, así como a los superiores de institutos religiosos, rectores de seminarios y presidentes de universidades, a proteger eficazmente las mentes, particularmente de los jóvenes, contra los peligros presentados por las obras del P. Teilhard de Chardin y de sus seguidores. » Sebastianus Masala, Notario. (AAS 54, 1962, 526)  http://infocatolica.com/blog/razones.php/1007281142-advertencia-acerca-de-los-esc
[34] Dirigiéndose a un grupo de periodistas en el vaticano el 7 de junio de  2015 : https://www.youtube.com/watch?v=ooeDFIg4ZEIVer 03:45                                                                                    [35] http://www.aica.org/17932-el-papa-lamenta-que-la-argentina-sea-pais-de-las.html