jueves, 17 de septiembre de 2015

NULIDADES DE BERGOGLIO

Remitimos a un artículo recientemente publicado en Adelante la fe en el que el autor, Juan Andrés de Jorge García Reyes, replica a aquel otro de Paolo Pasqualucci que ofrecimos en nuestro último post. Conscientes de que no podemos disputar en el terreno de la normativa sacra con quien se presenta como doctor en derecho canónico, formularemos nuestros reparos sencillamente a la luz del sensus fidelium común a todo bautizado, sabedores de que es esa certeza sobrenatural la que informa, a la postre, al Ius Canonicum.

Pasqualucci había reparado en que los recientes motu proprio de Francisco, al introducir como causal de nulidad la «falta de fe» de los contrayentes, incurría en posible error in fide y en consecuente corrupción de la doctrina. Bien se ha señalado que, entre otras absurdas consecuencias que le son anejas, esta disposición invalidaría de plano todos los matrimonios mixtos. García Reyes aduce -pese a reconocer que, de hecho, se estaría introduciendo una forma más agresiva del "divorcio disimulado" ya vigente- que, de derecho, en los textos de Francisco
no se niegan manifiestamente los principios del matrimonio canónico: sus bienes y fines, la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad, la procreación, la necesidad de un proceso canónico -aunque sea en apariencia- para establecer la nulidad. En el fondo el Papa sigue la evolución del Derecho Canónico habida desde el Concilio Vaticano II y en la reforma del año 1983: en ellas se practicaba de hecho el divorcio disimulado (la nulidad a petición de los cónyuges por cualquier causa), aunque se mantenía una cierta capa de formalidad jurídica que sostenía los principios jurídicos de siempre.
La novedad surgida consiste en que el Papa ha acelerado y facilitado aún más este modo de proceder, aunque manteniendo en principio las formalidades jurídicas mínimas. Con la salvedad de que las nuevas normas están repletas de ambigüedades, cabos sueltos, generalidades y falta de delimitación que exigiría la seguridad de una mínima técnica jurídico-canónica.
De hecho se va a la destrucción del matrimonio. Pero no es fácil, con la legislación actual en la mano, sostener la presencia de una herejía formal
como lo desliza Pasqualucci, infiriendo
el motivo de la falta de fe de uno de los contrayentes como causa de nulidad como el indicativo de que el matrimonio pasa de ser un sacramento, con efectos de ex opere operato, a un sacramental con los efectos propios del ex opere operantis. Pero de nuevo hay que tener en cuenta que el problema se centra en la interpretación de lo que haya de entenderse por falta de fe. Pasqualucci lo entiende como algo diferente de la tradicional exclusión de la sacramentalidad del vínculo. Pero la dicción de la nueva legislación es ambigua y puede significar, en realidad, una u otra cosa (la falta de fe que puede generar la simulación del consentimiento o el error que determina la voluntad).
Creemos, por el contrario, que en el insoslayable contexto en el que esta nueva legislación viene a proponerse, de no mediar aclaración sobre el concepto de «falta de fe», éste debe interpretarse no tan restrictivamente -negación explícita de la sacramentalidad del vínculo- sino en su sentido más primario y obvio -falta del don sobrenatural de la fe en el momento del consentimiento. Viene sugiriéndolo el propio Bergoglio desde hace tiempo, trayendo con frecuencia a cuento las desdichadas máximas de su predecesor en el arzobispado de Buenos Aires, el cardenal Quarracino, para quien «la mitad de los matrimonios eran nulos porque se casan sin madurez, sin darse cuenta de que es para toda la vida, quizás se casan por motivos sociales». Lo que le daría una insostenible torción subjetiva al derecho sacro (¿cómo comprobar esta falta de fe, sin una manifiesta y objetiva declaración de esta falta al momento de celebrarse el matrimonio?), a la par que reflotaría  la herejía de los donatistas, que condicionaban la validez de los sacramentos a la disposición interior de sus ministros. [Dejamos entre paréntesis, para no irnos por las ramas, otras causales insólitas enunciadas por Bergoglio para dar lugar a la nulidad del vínculo, como «la brevedad de la convivencia conyugal», «la persistencia obstinada en una relación extraconyugal en el momento de la boda o en un tiempo inmediatamente posterior», no menos que aquel sugestivo «etc.» del final.]

Queda en pie, con todo, la objeción más relevante: la Iglesia no ha exigido de sólito la posesión de la fe stricto sensu en los contrayentes, sino aquello que se conoce como intención general. De ahí la cita que Pasqualucci trae de Juan Pablo II: «una actitud de la pareja de novios que no tome en cuenta la dimensión sobrenatural del matrimonio, puede hacerlo nulo sólo si afecta a la validez en el plano natural, en el cual es puesto el mismo signo sacramental». En otras palabras: «la doctrina de la voluntas generalis o intentio generalis, que defiende el papa Benedicto XIV, consiste en el conocimiento elemental y suficiente de la esencia del matrimonio que el contrayente posee en el momento de intercambiar el consentimiento matrimonial, por lo que tan sólo en el caso de que alguno de los contrayentes estuviera en un error sobre las propiedades esenciales del matrimonio o sobre su dignidad sacramental y que este error fuera plasmado en una condición expresa podría realizar un consentimiento inválido, ya que se presume que la intención general que poseen los nubentes en el momento de contraer matrimonio coincide con el proyecto que Dios tiene sobre el matrimonio y que ellos, en razón de su naturaleza, son capaces de comprender y aceptar. Por tanto, para que los contrayentes contrajeran un matrimonio inválidamente habría que demostrar que la intención de estos, que es la que constituye el consentimiento matrimonial, ha sido contraria a la intención general de contraer según el plan divino sobre el matrimonio y que nos ha sido revelado en Cristo. Así pues, únicamente la positiva voluntad contraria sobre las propiedades esenciales del matrimonio o sobre su sacramentalidad, y que se manifestaría en una condición explícita, haría nulo el matrimonio (Domingo Moreno Ramírez, Relevancia de la sacramentalidad del matrimonio en relación con la nulidad del consentimiento. Ediciones Universidad San Dámaso, Madrid, 2014, pp.136-7).

Con el autor de la nota que repasamos, no dudamos de que «se continúa socavando la institución matrimonial por medio de ambigüedades, de declaraciones que parecen mantener la doctrina pero cuyos contenidos la destruyen. En definitiva, el método característico de la teología neomodernista que hoy día impregna toda la Iglesia». Pero sostenemos que el eficacísimo "método de las formulaciones ambiguas" termina por ser traicionado por sus mismos promotores. Porque si a la psicología del apóstata (y más cuando la apostasía afecta a una alta dignidad) le es inherente la impostura, la simulación, esto es hasta el momento de la -llamémosle así- "declaración formal de apostasía", que supone un acto de prepotencia -es decir, una falaz demostración de victoria. Tal fue el afán hipertélico que consumó la derrota de Satanás en el Gólgota, en la hora misma y poder de las tinieblas. La transposición flagrante del límite doctrinal -trátese o no del asunto que tocamos en este artículo-, a modo de un "quitarse la máscara", podría señalar de una buena vez la salida de esta horrible coyuntura postconciliar, separando chivos de corderos. Lo sugiere casi patológicamente el autor de la Evangelii Gaudium en su nº 222: «hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite». Ergo: al traste con el límite, que nos impide ser en plenitud. Anomia, o bien «yo (cada cual), legislador».

Este paso o salto allende el límite lo exige ese sentido de justicia irresistible a la criatura, que hace que los mismos réprobos -según conocida imagen explotada por la literatura y los miniaturistas medievales- se arrojen voluntariamente en las llamas aunque no dejen luego de maldecir sus penas.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿NO SE ALTERA ACASO LA DOCTRINA SOBRE EL MATRIMONIO?

por Paolo Pasqualucci
traducción: F.I. El título no corresponde al original)

El autor propone algunos fértiles interrogantes a propósito de los dos recientes documentos por los que Francisco entiende reformar los procesos de nulidad matrimonial, deduciendo que «si se puede demostrar que la bergogliana reforma del procedimiento canónico altera el significado del matrimonio católico, entonces la doctrina se ve afectada y nos encontramos ante la posibilidad de error in fide manifiesto de parte del Papa». Sin necesidad de remitirse a Trento ni al viejo Codex Iuris Canonici, fincando no más en el código juanpablista y aun remitiéndose al Catecismo publicado por el papa polaco (cuya enseñanza en punto al sacramento del matrimonio no se aleja de la doctrina tradicional), quedan identificadas con claridad las temerarias innovaciones de Bergoglio. El autor se sirve para ello de una fuente escrita que anuncia para el 30 de septiembre (en el Angelicum, de Roma) una conferencia internacional en preparación para el Sínodo Ordinario del mes de octubre, retomando de la misma fuente un pasaje con que inicia sus agudas observaciones. A saber:


1. Aquí, el paso crucial:

"En estos dos documentos, de manera discutible, es nuestra impresión (y esperamos que sólo sea nuestra impresión y pueda ser desmentida), aparte de algunas otras innovaciones cuestionables que habían sido anticipadas en diferentes niveles y adelantadas desde el pasado extraordinario sínodo de 2014, se haya infligido un grave vulnus a la teología de los sacramentos, degradando -según parece- la dignidad del sacramento del matrimonio a aquella de... mero sacramental. En efecto, desde el momento en que se hace depender [Reglas Procesales, art.14 § 1] la validez -o poco menos- del matrimonio de la fe de alguno de los contrayentes (que es cosa muy diferente de la tradicional exclusión de la sacramentalidad del vínculo), de hecho, ésta viene a subyacer a la santidad de sus ministros (¡en el matrimonio, los ministros son ambos novios!). El matrimonio, por lo tanto, ya no es válido ex opere operato, sino más bien ex operae operantis (cfr. Cat.I.C n. 1127-1128), y su disolución deviene, de hecho, un auténtico divorcio... Esperamos que la nuestra sea sólo una impresión y que reciba una aclaración adecuada".

Comentario del quisque de populo. Cosa de nada: el matrimonio que de hecho decae de sacramento a contrato o acuerdo entre las partes, si su validez depende de la buena disposición interior de las partes, ejemplificada aquí en la posesión mayor o menor (por las partes) de la fe católica auténtica, si uno dice que faltaba esta fe en el momento del fatal, entonces, ¿el matrimonio ya no es válido? ¿Nunca ha habido tal matrimonio? Por cierto, ¿cómo saber que esta fe faltaba? Estamos en plena chacota. Los "sacramentales", dice el Cat.I.C 1667, son «signos sagrados [imposición de las manos, señal de la cruz, aspersión con agua bendita] por medio de los cuales, con una cierta imitación de los sacramentos, se significan y, por impetración de la Iglesia, se obtienen efectos especialmente espirituales». El matrimonio católico se convertiría así en "una cierta imitación del sacramento" si su validez llegara a depender de la fe personal de cada contrayente. ¿No son, en cambio, "los frutos" del sacramento los que dependen de la disposición personal de aquel que, en este caso, es el ministro? Los frutos, no la validez. Su eficacia, no su validez.



2. El texto anterior repropone la doctrina correcta, confirmada por Juan Pablo II en su discurso a la Rota Romana el 30 de enero de 2003:

«La importancia de la naturaleza sacramental del matrimonio, y la necesidad de la fe para conocer y vivir plenamente esta dimensión, podría dar lugar a algunos malentendidos, ya sea acerca de la admisión a la boda que al juicio sobre su validez. La Iglesia no rechaza la celebración de la boda a quien está bene dispositus, aunque esté imperfectamente preparado desde el punto de vista sobrenatural, siempre que tenga la recta intención de casarse de acuerdo con la realidad natural del matrimonio. No se puede, en efecto, configurar, junto al matrimonio natural, otro modelo de matrimonio cristiano con requisitos sobrenaturales específicos. Esta realidad no debe olvidarse al momento de delimitar la exclusión de la sacramentalidad (cf. Can. 1101 § 2) y el error determinante acerca de la dignidad sacramental (cf. Can. 1099) como posibles motivos de nulidad.
Para las dos figuras es fundamental tener en cuenta que una actitud de la pareja de novios que no tome en cuenta la dimensión sobrenatural del matrimonio, puede hacerlo nulo sólo si afecta a la validez en el plano natural, en el cual es puesto el mismo signo sacramental. La Iglesia católica ha reconocido siempre los matrimonios entre los no bautizados, que se convierten en un sacramento cristiano a través del bautismo de los cónyuges, y no tiene ninguna duda acerca de la validez del matrimonio de un católico con una persona no bautizada si se celebra con la debida dispensa».
Comentario: es evidente que la "reforma" deseada por la "misericordia" del Papa Bergoglio, aún más que "una herida al matrimonio cristiano" [aquí], según lo descrito por Roberto De Mattei, inflige una herida al fin del matrimonio cristiano en cuanto tal. Al fin, porque de hecho se traslada el acento del plano objetivo -aquel de la acción del sacramento en sí- al plano subjetivo, el de las disposiciones interiores de los sujetos contrayentes, hasta ahora justamente limitado a la eficacia de la acción del sacramento respecto de ellos mismos y no aplicable a su validez (que es, precisamente, ex opere operato, es decir, intrínseca, inherente a la cosa en sí, ya que establecida de esa manera por Dios). El mismo De Mattei señala en su artículo, y con razón, que al tradicional y doctrinalmente irreprensible favor matrimonii se sustituye ahora un favor nullitatis, también doctrinalmente inaceptable, «que viene a constituir el elemento primario del derecho, mientras que la indisolubilidad se reduce a un "ideal" impracticable». De hecho, «la afirmación teórica de la indisolubilidad del matrimonio se acompaña en la práctica [de ahora en adelante] al derecho a la declaración de nulidad de cualquier vínculo fracasado. Bastará, en conciencia, considerar inválido el propio matrimonio para hacerlo reconocer como nulo por parte de la Iglesia. Es el mismo principio por el que algunos teólogos consideran "muerto" un matrimonio en el que de acuerdo con ambos, o con uno de los cónyuges, "ha muerto el amor"» (ibid).

Pero justamente la introducción de un "favor nullitatis" es cosa no sólo contraria a la práctica hasta aquí seguida a través de los siglos por la Iglesia, sino también a la sana doctrina. Hay aquí también, según me parece, una implicación doctrinal a investigar, un subyacente "error in fide". Que consiste, a primera vista, en contraponer a la indisolubilidad, establecida por la Primera y la Segunda Persona de la Ssma. Trinidad, el "derecho" de los singulares contrayentes a la felicidad individual así como ellos la entienden. Básicamente, en dar prioridad a una pretensión que, en la mayoría de los casos, es fruto del generalizado hedonismo hoy predominante. De esta manera, con todo, el hombre prevarica en su relación con Dios.


3. En su artículo el profesor. De Mattei también pone también apropiadamente de relieve los efectos devastadores producidos no sólo por la abolición de la "doble sentencia conforme" -ya desastrosamente experimentada en los EE.UU. entre 1971 y 1983- sino también por la institución del obispo diocesano como juez único que puede instruir a su discreción un "proceso breve" para llegar rápidamente a la sentencia. A este propósito, agrego que en la introducción a su motu proprio el Papa justifica esta nueva atribución del obispo como correcta y necesaria aplicación del espíritu del Concilio Vaticano II: estamos ante la aplicación de la nueva colegialidad introducida en ese Concilio.

Así, el Papa escribe en Mitis iudex etc.:
a- «Por tanto, es la preocupación por la salvación de las almas... la que empuja al Obispo de Roma a ofrecer  a los Obispos este documento de reforma, ya que éstos comparten con él la tarea de la Iglesia, cual es tutelar la unidad en la fe y en la disciplina en lo tocante al matrimonio, bisagra y origen de la familia cristiana» (Carta Apostólica en forma de Motu Proprio "Mitis Iudex Dominus Iesus", w2.vaticanva / content / Francis / es / motuproprio etc., p. 02/15). ¿Y de esta manera está él convencido de "proteger la disciplina sobre el matrimonio"? En fin: el Papa se presenta aquí principalmente como cabeza del Colegio episcopal, el obispo de los obispos (Obispo de Roma), más que como cabeza de la Iglesia universal. ¿Para esto entonces emplea siempre el título de "obispo de Roma"? ¿Para demostrar, en el espíritu del Concilio, que él actúa ante todo como cabeza del colegio de los obispos, más que como Cabeza de la Iglesia universal?

b- Poco después, escribe: «el Obispo mismo es el juez. Para que sea finalmente traducida a la práctica la enseñanza del Concilio Vaticano II en un ámbito de gran importancia, se ha establecido dejar en claro que el propio Obispo en su Iglesia, de la que ha sido constituido pastor y cabeza, es por eso mismo juez entre los fieles que se le han confiado» (pág. 3/15). La enseñanza del Concilio debía versar claramente en el sentido de dar mayores poderes a los obispos en sus diócesis, más que a las Conferencias Episcopales. De esta manera se otorga la posibilidad, a los obispos más abiertos a las instancias del Siglo, de hacer trizas la indisolubilidad del matrimonio cristiano.
¡Vamos, anímense! ¡Les doy facilidades! 
Como nota De Mattei, en los tribunales establecidos por ellos y dirigidos por ellos, directamente o a través de interpósita persona (por una "comisión no necesariamente formada por juristas", sic), «la combinación del canon 1683 y el artículo 14 sobre las reglas de procedimiento tiene, bajo este aspecto, un carácter explosivo. Sobre las decisiones pesarán inevitablemente consideraciones de naturaleza sociológica: los divorciados vueltos a casar gozarán, por razones de 'misericordia', de un carril preferencial» (art. cit.)

¿Qué significa aquí "carácter explosivo"? Es preciso aclararlo, para entender toda la perversidad de esta "reforma". El canon 1683 CIC 1983 decía que «si se puede demostrar en el nivel de apelación un nuevo motivo de nulidad del matrimonio, el tribunal puede admitirlo y juzgar sobre éste como si estuviera en primera instancia». El canon 1683, reformado en función del proceso más breve ante el Obispo, dice que «al mismo Obispo diocesano le compete juzgar la causa de nulidad de matrimonio con el proceso más breve cuando:
1- la solicitud se hace por ambos cónyuges o por uno de ellos, con el consentimiento del otro; 
2- concurran circunstancias de hechos y personas, apoyadas por testimonios o documentos, que no requieran una investigación o una instrucción más completa, y pongan de manifiesto la nulidad».
Y aquí está el punto: ¿cuáles son o pueden ser las circunstancias arriba aludidas? ¿Quién las establece? Están indicadas en una lista provisoria, justamente por el art. 14 § 1 de las reglas procesales, el artículo que menciona la "falta de fe" antes mencionado. He aquí la lista no exhaustiva de las "circunstancias":
«Entre las circunstancias que pueden permitir el tratamiento del caso de nulidad del matrimonio por medio del proceso más breve de acuerdo con los cc. 1683-1687, se enumeran, por ejemplo: la falta de fe que puede generar la simulación del consentimiento o el error que determina la voluntad, la brevedad de la convivencia conyugal, el aborto procurado para impedir la procreación, la persistencia obstinada en una relación extraconyugal en el momento de la boda o en un tiempo inmediatamente posterior, el ocultamiento doloso de la esterilidad o de una enfermedad grave contagiosa o de hijos nacidos de una relación anterior o de encarcelamiento, la causa del matrimonio completamente ajena a la vida matrimonial y consistente en el embarazo no previsto de la mujer, la violencia física infligida para extorsionar el consentimiento, la falta de uso de razón probada por documentos médicos, etc. ".
¿Qué significa "etc."? ¿Que nos encontramos ante un "quien tenga más para ofertar, que lo haga"? ¿Todas estas "circunstancias" se reducen a las invocadas tradicionalmente para manifestar la nulidad del vínculo o representan, al menos en parte, una novedad? La "falta de fe" es seguramente una novedad, como lo hemos visto. Pero si la lista de las "circunstancias" no es taxativa, o bien rigurosamente delimitada en el ámbito de las normas del código, entonces ¿debemos creer que su amplitud se deja librada a la discreción del obispo "juez" o de la "comisión de expertos" por él controlada? Así, pues, el obispo-juez puede crear el derecho que vaya a aplicarse, puede fabricar él mismo la norma en la forma de "circunstancias" siempre nuevas para declarar la nulidad del matrimonio. Explosivo, por tanto, el dispositivo del canon 1638 y del art. 14 § 1 de las reglas procesales, en el sentido en que puede, sin duda, hacer "explotar" el matrimonio católico, destruyéndolo por completo.

lunes, 7 de septiembre de 2015

LA BRECHA QUE EXTIENDE FRANCISCO

Instando al ejercicio de una caridad que, como mal entendida que es, nunca comienza por casa (sigue habiendo millares de cristianos amenazados en Medio Oriente que requerirían la protección que jamás se les ofreció desde la Santa Sede), Francisco pidió que «las parroquias, comunidades religiosas, monasterios y santuarios de toda Europa» reciban a una familia de refugiados como «gesto concreto en preparación al Año Santo de la Misericordia». Para darle impulso a la iniciativa, ya anunció que pondrá las dos parroquias del Vaticano a disposición de dos familias de prófugos sirios. Se espera, por supuesto, una adhesión asaz extendida entre los superiores de institutos de la Iglesia, si no por convicción al menos por temor a contrariar a aquel que se ha demostrado un jefe digno de temer.

En este nauseabundo contexto de crisis programadas, de virtuosas orquestaciones de imprevistos, con desequilibrios endémicos y con guerras y rumores de guerra, la aparición de un actor de tal envergadura, con un ascendiente elaborado a golpes de efecto que parasitan una dignidad ligada a la investidura más alta, la aparición -decimos- de aquel que podría ser aclamado con justicia como el Mahdi Bergoglio es todo un signo. Un catalizador del drama humanitario que los medios exhiben con cálculo y del anunciado suicidio de Occidente, incapaz desde hace décadas de oponer a la silenciosa invasión de su geografía un principio vital dotado de suficiente poder de cohesión como para impedir la disolución en ciernes. Un tábano para la remanente, exigua conciencia cristiana de algunas minorías aún adeptas a la fe de sus ancestros, aguijada casi a diario con algún insulto elaborado hábilmente en las sombras y exhibido, con alardes de triunfo, ante los medios dispuestos a amplificarlo. Un actor pronto a devenir verdugo y un verdugo con impostaciones actorales, cuyas víctimas deben rastrearse en el escenario de los hechos y en las gradas, en toda la anchura del orbe, muy fuera incluso de la Iglesia que debiera gobernar. Un rutilante mediocre, un mediocre dotado de la paradójica fuerza de un vórtice, listo para vengar, con su inexplicable éxito, el destino siempre parco que cabe a los seres anodinos.

Programa tan digno del peor Tolstoi podía caber, por desgracia, en las mientes de un pontífice cuya carrera se desenvolvió en el tobogán más crítico de la historia de la Iglesia, y el grosero pecado de irrealismo que éste acusa -desconociendo que el Corán llama a la conquista del mundo, y que muchos de sus protegidos que irrumpen en Europa rechazan la ayuda alimenticia embalada en sobres de la Cruz Roja por simple aversión al símbolo de la Cruz- puede ser el resultado de una formación a todas luces deficiente, de una inteligencia abstractiva francamente nula, de hábitos de oportunismo ya demasiado connaturalizados. En honor de estas notorias flaquezas de Francisco y lamentando las desastrosas consecuencias que pueden preverse de su infeliz propuesta habíamos pensado encabezar estas líneas con un término que nos parecía bastante consonante, y titularlas «El irresponsable».

Pero no: es responsable.

viernes, 4 de septiembre de 2015

TIMEO DANAOS ET DONA FERENTES

En la resonante Carta del Santo Padre Francisco con la que se concede la indulgencia &c, apenas un párrafo después de que se dispone (entre otras providencias tomadas para el «Año de la Misericordia») que la absolución sacramental de las mujeres incursas en aborto quede en manos de cualquier sacerdote sin expresa delegación de facultades de parte del obispo -como lo prevé la normativa sacra para tales casos-, sobresale (casi se tratara de otra libérrima concesión en favor de pecadores reos de un delito no menos grave) la voluntad papal de otorgar validez y licitud al sacramento de la confesión ministrado por sacerdotes de la FSSPX durante el período del inminente año jubilar. Sin excluir los agradecimientos de rigor, la Casa General de la Congregación aclaró, en carta al Santo Padre, que «en el ministerio del sacramento de la penitencia, [la FSSPX] siempre se ha apoyado, con absoluta certeza, en la jurisdicción extraordinaria que confieren las Normae generales del Código de Derecho Canónico», lo que pone a la cosa en sus justos términos en tiempos de conspicua marea modernista («estado de necesidad»). Pues si es cierto que detrás de las leyes hay razones que no pueden soslayarse impunemente, también es cierto que la tentación del ius-positivismo puede afectar a la Iglesia, opacando las evidencias de orden espiritual que indican un verdadero estado de excepción.

Lo último que se nos ocurriría suponer, en un pontífice consagrado con pelos y señales al ejercicio de la confusión y menoscabo de la conciencia cristiana, es que con esto haya obrado un acto de buena fe. Si no bastaran las resoluciones tomadas en contra de los odiosos tradicionalistas (tales como las despóticas defenestraciones del fundador de los Franciscanos de la Inmaculada y del finado monseñor Livieres sin derecho a defensa y sin explicitación de motivos, aunque muy presumiblemente por el delito de celebrar la Misa en latín), baste al menos la abrumadora mole de palabras y gestos desplegados por Francisco durante su mandato, todos en un único sentido y éste siempre contrario al Evangelio: las bendiciones a transexuales y activistas pro-aborto, la coyunda con la hez de la política anticristiana, el impulso del sincretismo religioso, las burlas a la piedad genuinamente católica, etc.


Equo ne credite, Teucri!  Lo único auspicioso del caso -sabido que Dios escribe derecho en los renglones torcidos por los hombres- es que muchos fieles añorantes la tradición y hasta aquí acometidos por escrúpulos acerca del presunto carácter "cismático" de la empresa lefebvrista, podrán, gracias a la misericordia de Francisco, acudir a sacerdotes católicos para confesar sus culpas y, de paso, asistir a sus misas. Y que, a despecho de los planes que Bergoglio pudiera acariciar, y en vista del posible cisma mil veces anunciado, unos y otros (católicos adscritos a la Fraternidad y católicos aún resistentes en Babilonia) acaben confluyendo sin recíprocos recelos en la Iglesia fiel. Lo que no es poco, caramba. Pero el precio -de no consumarse la división que parece inevitable- sería el de prolongar indefinidamente, gracias a medidas como ésta, esa situación de convivencia en una misma sociedad visible de las «dos Iglesias» aludidas por el padre Meinvielle en el final de su «De la cábala al progresismo»:
«no hay dificultad en admitir que la Iglesia de la publicidad pueda ser ganada por el enemigo y convertirse de Iglesia Católica en Iglesia gnóstica. Puede haber dos Iglesias, la una la de la publicidad, Iglesia magnificada en la propaganda, con obispos, sacerdotes y teólogos publicitados, y aun con un Pontífice de actitudes ambiguas; y otra, Iglesia del silencio, con un Papa fiel a Jesucristo en su enseñanza y con algunos sacerdotes, obispos y fieles que le sean adictos, esparcidos como "pusillus grex" por toda la tierra. Esta segunda sería la Iglesia de las promesas, y no aquella primera, que pudiera defeccionar. Un mismo Papa presidiría ambas Iglesias, que aparente y exteriormente no sería sino una [...] La eclesiología no ha estudiado suficientemente la posibilidad de una hipótesis como la que aquí proponemos». 

Éste descrito por Meinvielle ha sido, en rigor, el statu quo eclesial a lo largo de todo el post-concilio. Si algo ha hecho Bergoglio es inclinar definitivamente la balanza hacia la Iglesia de la publicidad, lo que vuelve sospechoso, por su crasa extemporaneidad, su donativo. Más bien -aparte un posible propósito de neutralizar toda oposición pasando incluso por generoso y bien dispuesto- podría pensarse, en línea con sus filias más notorias, en un intento de integrar a la Tradición católica en un panteón multirreligioso en el que cabrían indistintamente todas las confesiones: católicos ortodoxos y heréticos, judíos, musulmanes, animistas, agnósticos de café-bar, cultores de la Tierra y de Marilyn Monroe -más o menos como en los tiempos del Imperio romano, con la sola e indolora exigencia de avenirse a tributar unos pocos granos de incienso al Emperador. No podemos afirmar categóricamente que ésta sea la intención de Bergoglio; lo que sí sabemos es que puede ser la de Satanás.

Dos son los principales mandamientos:
cuidado del inmigrante musulmán
y cuidado del medio ambiente
Por lo pronto, en una insuperable síntesis de creativismo litúrgico y autorreferencialidad sin tope, la misa celebrada en Roma por la «Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación» contó con la lectura de un pasaje de la Laudato Si' en lugar de la epístola paulina. Bien lo afirmó Ettore Gotti Tedeschi, el ex-interventor del IOR en los días de Benedicto, con un tono infrecuente para los tiempos que corren: la gnosis, aquella fuerza en perpetua guerra contra la Iglesia, apela hoy al problema inmigratorio, al problema ambiental, al problema del fundamentalismo y la violencia religiosa para reducir a la Iglesia al silencio y la impotencia. «Así como parece decidido hacer creer que los problemas de miseria moral sean consecuentes a aquellos de miseria económica, se estimula a la Iglesia a privarse de riquezas y distribuirlas, y a interrumpir así el proceso de evangelización [pues] evangelizar es contrario a la realidad histórica multirreligiosa y multicultural, y también priva de su libertad al prójimo y lesiona peligrosamente la cultura de otros pueblos. [...] Habiéndose decidido, al parecer, dejar acelerar el proceso de inmigración y declararlo necesario, [...] a la Iglesia se la alienta a ocuparse de consolar, y menos de educar. Pero lo más grave es que todo el mundo debe acoger el programa "ambientalista" como religión universal que reunirá a todos los pueblos de la tierra».

No hace falta decir que el programa coincide estrechamente con el de Francisco, que pronto sesionará ante la ONU para refrendarlo. Por eso sus regalos, como los de los dánaos, no son para saltar de alegría: su benevolencia debiera ser más temible que sus garras.

lunes, 31 de agosto de 2015

ADIVINANZAS

por Alejandro Sosa Laprida

Adivinanzas del día: lean las citas siguientes e intenten adivinar a cual de los autores mencionados pertenecen...


I. Me pregunto con Ustedes educadores: ¿velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda, no desentenderse de lo que pasa alrededor? ¿Son capaces de estimularlos a eso? Para eso hay que sacarlos del aula, su mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula. ¿Cómo entra en la currícula universitaria o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida que nos rodea, con sus preguntas, sus interrogantes, sus cuestionamientos? ¿Cómo generamos y acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de un mundo más humano? El diálogo, esa palabra puente, esa palabra que crea puentes.

1. Jean-Jacques Rousseau. 
2. Emmanuel Kant 
3. Papa Francisco


II. La evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utopías. Claro que sí; eso creemos y gritamos. Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos "mutuamente a llevar las cargas". El anhelo de unidad supone la dulce y confortadora alegría de evangelizar, la convicción de tener un inmenso bien que comunicar, y que comunicándolo, se arraiga; y cualquier persona que haya vivido esta experiencia adquiere más sensibilidad para las necesidades de los demás. De ahí, la necesidad de luchar por la inclusión a todos los niveles, ¡luchar por la inclusión a todos los niveles!

1. Martin Luther King 
2. Leonardo Boff 
3. Papa Francisco


III. La migración, la concentración urbana, el consumismo, la crisis de la familia, la falta de trabajo, las bolsas de pobreza producen incertidumbre y tensiones que constituyen una amenaza a la convivencia social. Las normas y las leyes, así como los proyectos de la comunidad civil, han de procurar la inclusión, abrir espacios de diálogo, espacios de encuentro y así dejar en el doloroso recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertades. La esperanza de un futuro mejor pasa por ofrecer oportunidades reales a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, creando empleo, con un crecimiento económico que llegue a todos, y no se quede en las estadísticas macroeconómicas, crear un desarrollo sostenible que genere un tejido social firme y bien cohesionado.

1. Gustavo Gutiérrez 
2. Adolfo Pérez Esquivel 
3. Papa Francisco


IV. ¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido, si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador, que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío, cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para sus problemas? Pueden hacer mucho. Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas.

1. Milagro Sala 
2. Dom Helder Cámara 
3. Papa Francisco


V. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad. No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente.  Además, el desarrollo de estos comportamientos nos devuelve el sentimiento de la propia dignidad, nos lleva a una mayor profundidad vital, nos permite experimentar que vale la pena pasar por este mundo.

1. Ban Ki-Moon 
2. El Dalai Lama 
3. Papa Francisco


VI. Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.

1. Paulo Coelho 
2. Pierre Teilhard de Chardin 
3. Papa Francisco


VII. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperío de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

1. Pío XI 
2. San Pío X 
3. Papa Francisco

viernes, 28 de agosto de 2015

MÁS, MÁS ABOMINACIÓN

Sobran los indicios de que Francisco entiende restablecer las calificaciones teológicas, otorgándoles el nihil obstat a obras como las de Francesca Pardi, escritora italiana de cuentos infantiles de temática homosexual. Según parece, la muy perdularia ventiló el contenido de una carta que el pontífice le enviara hace casi dos meses, en la que éste la alentaba a continuar «con su proficua actividad», impartiendo luego la bendición apostólica «para toda la familia» de la escritora, constituida por ella y su consorte -mujer-, más los cuatro infelices párvulos recibidos en adopción. Menos mal que el portavoz adjunto del Vaticano, padre Ciro Benedettini, salió a aclarar que «se trataba de una carta privada que no estaba destinada a ser divulgada», aunque éste y otros casos parecen revelar la astuta táctica de Bergoglio, consistente en instar a los destinatarios de sus beneplácitos a poner por obra la exhortación evangélica de proclamar desde la azotea lo susurrado al oído. [Ver la noticia aquí y aquí]

Se sabe que abundan los tontos proclives a excusar estos actos del magisterio oblicuo, toda vez que un accidente o la presunta deslealtad de algún quídam les hayan quitado su carácter de "secreto". Al fin de cuentas, el mismísimo Franciscus se encargó de minimizar la existencia de un lobby gay en el Vaticano. «Esto no puede probarse», dicen que dijo. Si acaso, lo único que pudiera probarse es la designación de prelados preferentemente bufarrones para los cargos de mayor relieve.

El próximo cónclave elegirá Papa a Elton John,
que podrá darse el gusto de recobrar la muceta
despreciada por Francisco
«Y en su frente tenía escrito este nombre: misterio, Babilonia magna». Que el cauce subterráneo de las herejías combatidas a lo largo de la historia (y acompañadas a menudo por la perversión venérea como por un signo visible de su intrínseca maldad) acabe por brotar a borbotones en la elevada colina vaticana, es cosa del mayor misterio, de una mística pervertida que apura el más insospechable desenlace de los tiempos. Revela, en todo caso, al Mysterium iniquitatis oponiéndose al Mysterium fidei, pretendiendo asentar su cloaca en el Templo, ganoso de todas las usurpaciones y retorcimientos.

Que alguien les recuerde a estos degenerados que a sus fétidas conquistas sigue un Juicio.

martes, 18 de agosto de 2015

AL ROTARIO MÁS ILUSTRE

A poco de su espeluznante elección al Solio de Pedro, no faltó algún escrutador de meteóricas carreras eclesiásticas que recordara la adscripción de Bergoglio al Rotary Club de Buenos Aires, en calidad de miembro honorario, allá por 1999. A pocos inquietó la novedad, en un mundo empeñado hasta el hartazgo en ensamblar organismos inconciliables: un papa rotario, al modo de la hidra de Lerna o de los centauros, ya parece tener pleno derecho a admisión en un bestiario de los híbridos de la tarda modernidad. Últimamente, con ocasión de su reciente viaje por Hispanoamérica, rotarios bolivianos de Santa Cruz de la Sierra regalaron a Francisco una placa celebrativa de su condición de «Rotario más Insigne de la Historia». De modo que, a juzgar por la declaración de los propios homenajeantes y por la condescendencia amistosa del homenajeado, hoy puede sin hipérbole afirmarse que han acabado por identificarse en una sola persona -si tal cosa fuera posible- la máxima autoridad espiritual del orbe y el más ilustre retoño de una institución que cultiva y promueve el indiferentismo religioso. 

Unos breves apuntes de lo que don Curzio Nitoglia expone más por extenso aquí servirá para tener un panorama de lo que es, en verdad, el Rotary. Y de las coincidencias para nada fortuitas entre su neblinoso ideario y algunos de los más selectos apotegmas bergoglianos (ejemplo, aquel «si la educación de un chico se la dan los católicos, los protestantes, los ortodoxos o los judíos, a mí no me interesa...»). A saber:


Surgido el 23 de febrero de 1905 en Chicago, entre los cuatro fundadores del Rotary Club se cuenta Paul Percival Harrys, abogado y masón. La rueda azul con 24 dientes y 6 rayos, representativa de la institución, simboliza la rueda de los carros de los pioneros de la aventura americana, los Pilgrim Fathers venidos desde Inglaterra y Holanda a vivir más libremente su protestantismo puritano y calvinista. Si los dientes representan un engranaje mecánico, figura de la revolución industrial y una visión del mundo o "filosofía" marcadamente tecnológica y tecnocrática, hay también un simbolismo más esotérico de ese emblema: la rueda participa de la perfección sugerida por el círculo, y remite también al movimiento y al devenir, a la tensión hacia elevados estándares (profesionales, éticos, personales). Pero la rueda es también la rota mundi, símbolo del mundo, porque la vocación rotaria implica universalidad y mundialismo planetario. El Rotary aspira a adoptar dentro de su propia circunferencia la universalidad de las naciones, de las razas, de las culturas. El color azul de la rueda significa la tensión cósmica, como el agua del mar, la bóveda del cielo (y la logia masónica) y significa la voluntad de reunificar todas a todas las naciones en un Nuevo Orden Mundial más amplio (véase la bandera de la ONU) mediante un sentimiento de amistad filantrópica. El color azul está rodeado por el amarillo oro, que significa la excelencia, que es el cuarto concepto de la filosofía rotaria (a saber: tecnocracia, mundialismo, filantropía y excelencia), lo que hace que el rotario sea un iniciado, no un hombre cualquiera: es parte una élite tradicional que tiende a una perfección sin fin.

La vitalidad de los diversos clubes rotarios de todo el mundo (27.000, con 1.200.000 miembros en 150 países) se originó en el espíritu "americanista", en coincidencia con el tiempo en que Estados Unidos se estaba convirtiendo en una superpotencia mundial después de la guerra con España (1898), y Cuba, Puerto Rico y Filipinas quedaban bajo su órbita. Este sentimiento americanísimo de atraer la atención de todo el mundo no es ajeno al deseo rotario de expansión total y supranacional. Es menester decir que si la doctrina y la praxis pública del Rotary son muy similares a las de la masonería, carecen, con todo, de esas connotaciones de secreto y esoterismo que distinguen a ésta. Pronto el Rotary aparecerá como una masonería pública y como la antecámara de aquella esotérica y secreta, donde los masones pueden pescar personas fácilmente para hacerlas luego "hermanos tres puntos". En algún sentido es incluso peor que la Masonería angloamericana, que postula como exigencia primaria la creencia en el Gran Arquitecto del Universo, mientras que el Rotary está por encima y por fuera de cualquier concepción religiosa.

La filosofía de los cuatro fundadores del Rotary está llena de racionalismo, influenciado por el pragmatismo americano de William James. Siendo el indiferentismo religioso una de las principales acusaciones que la Iglesia ha levantado contra el Rotary, no extraña que se lo condenara bien pronto como a una forma de para-masonería. El 4 de febrero 1929 el Santo Oficio publicó un decreto que prohíbe a los sacerdotes italianos unirse a la Asociación rotaria, mientras que en España el cardenal primado Pedro Segura y Sáenz, Arzobispo de Toledo, extendía el 23 de enero 1929 la prohibición incluso a los simples laicos bautizados, ya que la Asociación se basaba en una moral autónoma y laicista, una concepción mundialista, una idea de fraternidad filantrópica en oposición a la virtud teologal de la caridad y una filosofía subjetivista y relativista.

Todavía en 1951 un decreto del Santo Oficio negaba todo permiso a los sacerdotes para inscribirse en las sociedades secretas, con referencia implícita al Rotary. Los vientos cambiaron cuando el cardenal Angelo Roncalli, durante su patriarcado en Venecia (1953 a 1958) y pese a las prohibiciones en pleno vigor mantuvo numerosos contactos con los rotarios. Ya Papa, el 20 de abril 1959 recibió por primera vez a los rotarios de Italia, a lo que siguió una segunda acogida el 20 de marzo 1963. No menos debe decirse del cardenal Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán, que el 13 de noviembre 1957 había asistido a la reunión del club rotario milanés, recibiendo luego, ya como Paulo VI, una representación rotaria el 28 de setiembre de 1963, y luego otra el 20 de marzo de 1965, y otra, y otra más, para que finalmente Juan Pablo II dirigiera un mensaje de viva simpatía a los rotarios de la LXX Convention el 14 junio de 1979, y luego otro el 13 de febrero de 1984 y aun el 25 de febrero 1989.


Como puede comprobarse, el progreso de la rueda dentada no se detuvo, y hoy tenemos un papa rotario festejado por los suyos como el sujeto más insigne de la secta.